sábado, 20 de mayo de 2017

Paris, 1922.

Maurice Sachs

Diversiones por doquier, se cenaba, se salía, se comía después del espectáculo, se hacía el amor. Los negros que tocaban en todas las orquestas daban unos gritos desgarradores, terribles, dulces lamentos y alaridos de niño; el jazz sacudía los cuerpos más enloquecidos y los más moderados y en cualquier barrio en el que uno se asomara por la noche a la ventana se podía ver que la luz roja de Montmartre llegaba hasta el cielo como un gran lupanar.

Maurice Sachs, El sabbat. Cabaret Voltaire. Madrid, 2015.


sábado, 6 de mayo de 2017

Un par de tricornios y carta blanca


Albert Serra nos da la receta para acabar con la piratería.

 


jueves, 4 de mayo de 2017

Enciclopedia «filípica» CIESA



El jazz echa a andar a principios de siglo XX, hijo del ragtime y el blues. Vive su momento álgido durante la época de las grandes bandas y el swing. A principios de la década de los cuarenta aparecen los primeros boppers y se pone respondón, pierde en popularidad al tiempo que se intelectualiza, por decir así.

En la segunda mitad de los sesenta trata de captar la atención de los seguidores del género que domina el mercado, el rock. El ejemplo más conocido es el Miles Davis de Bitches Brew (1970), piedra angular del jazz rock. Aunque se puede hablar de una jugada comercial, el cambio se viene fraguando desde que el curtido trompetista incorporara una serie de músicos jóvenes a su banda. Wayne Shorter, Herbie Hancock, Ron Carter, Tony Williams, Chick Corea y Dave Holland contribuirán a modelar un sonido que ya en Filles de Kilimanjaro (1968) incorpora instrumentos eléctricos. 
Tras el seísmo bop el movimiento de cromos será una constante en el santoral jazzístico. El más cercano en el tiempo es el propiciado por los Young Lions de Wynton Marsalis, que despojan de su aureola al último Davis, a su cuadrilla eléctrica y a cualquier ejecutante de lo que se dio en llamar free jazz, fusion o avant garde jazzLa pureza habrá que buscarla en corrientes como el bebop, el cool, el hard bop, el jazz modal y, por supuesto, el swingPuede decirse que los re-boppers de Marsalis arrancaron las páginas finales del álbum, quedando a salvo prácticamente cuarenta años de historia.

Un poco antes de que Davis recorra Europa cortocircuitando el jazz, se publica en España la Enciclopedia Temática CIESA, dirigida por Laín Entralgo y Mariadir Gallach. El doceavo tomo se ocupa brevemente de la música jazz y presenta un santoral mucho menos concurrido que el de los wyntonitas, amén de ser una de las más feroces invectivas contra el bebop que servidor haya leído. Su perpetrador empieza con su santidad Mr. Charlie Parker y ya no para. Atención a las sorprendentes «guest stars» incluidas bajo el rótulo de verdadero jazz, se echa de menos a Charlie Rich, el más jazzístico de los músicos de Sun Records:



martes, 14 de marzo de 2017

Spain is different?

la voz, concurso televisivo

Con el escalpelo en una mano y la pluma en la otra vamos hoy a diseccionar una columna del maestro Diego A. Manrique. Naturalmente lo ideal es leerla antes, pero, por si hay algún lector impaciente, extracto aquí lo que me ha servido como fundamento de esta entrada:
          
           Llegaron los bárbaros [titular]
Los concursos televisivos nos revelan la realidad musical del país [bajada]
[Los talentosos concursantes] No leen periódicos, no reconocen a los grupos o solistas que ocupan las portadas de la prensa especializada
....
Con una excepción: los competidores en flamenco veneran el santoral del cante e incluso manejan dos o tres nombres de guitarristas.
...
Al final, uno empieza a intuir que ellos, los participantes en los talent shows, representan la realidad de España 2017. Somos nosotros, los musiqueros, quienes definitivamente residimos en un universo paralelo, en una lejana galaxia reservada para especies raras.


Resumiendo: el homo hispanicus, en lo que a cultura musical se refiere, deja mucho que desear, viene a decir el periodista, lo prueba la ignorancia de los participantes en el programa de televisión La Voz.


El artículo serviría como ejemplo palmario del sesgo de confirmación: partimos de una hipótesis - los españoles tenemos poca cultura musical - y buscamos información que la verifique - las declaraciones de los participantes en La voz -. Obviamente el fenómeno televisivo – Manrique apunta que la música es un ingrediente más - de los concursos es insuficiente para dar cuenta de las preferencias musicales de los españoles, y en rigor tampoco podría hablarse de invasión, dado que este tipo de programas se emiten en España desde antes incluso que Cuéntame*. En cualquier caso Manrique guarda la ropa y anuncia ese pars pro toto final - [los bárbaros] representan la realidad de España 2017 – como una intuición. 

Esta precaución, una manera de reconocer de forma implícita que el artículo fuerza la realidad en su provecho, nos invita a un ejercicio similar. Ensayaremos un par de objeciones.

Más que probablemente de manera casual, el andamiaje de la intuición es similar al de esa ya vieja propaganda negrolegendaria - España como anomalía histórica, como excepción - que busca conformar una imagen negativa de los españoles, esos sujetos tan proclives a poner el lomo en cuanto aparece una fusta, cuando no a autofustigarse. Claro, falta el término de comparación, el país o países en los que el fenómeno de barbarización musical o bien no existe o bien está compensado por otro de signo contrario. Pero esta ausencia, lejos de anular el juicio, nos pondría en una situación de mayor gravedad, la de ser incomparablemente malos, la de ser lo peor.

En cualquier caso, el Spain is the worst sería inmediatamente desmentido por el hecho de estar refiriendo un fenómeno internacional. El original, The Voice, es una producción de la UA Media Group para la NBC a partir de una idea de John de Mol. Aquí no hay excepcionalidad alguna. Así las cosas, habría que escudriñar en las distintas producciones de The Voice y compararlas a la española para ver si podemos detectar algún «hecho diferencial». Tras una brevísima prospección en internet y completando el estudio con un poco de imaginación (¡!), podemos barruntar que en los países de nuestro entorno las similitudes ganan en número a las diferencias. Grosso modo triunfa un género en el que se valora más la contundencia vocal que la singularidad y, en consecuencia, el estilo cantable frente al declamativo (como se me está yendo un poco la mano con los calificativos, aclaro para que se me entienda: cantable sería el estilo, por ejemplo, de Christina Aguilera, y declamativo el de Leonard Cohen o, ya en el extremo, el de Lou Reed o Bob Dylan, ambos también ejemplos de singularidad vocal; el rap no entra en el repertorio). 

La excepcionalidad estaría referida, por eliminación, a los dos países que nutren el canon de la música pop, que son los de la anglobalización cultural: Reino Unido y Estados Unidos. Aquí sí que las diferencias se muestran a poco que indaguemos. Baste decir que en uno de los (pocos) vídeos visualizados para este precario trabajo de campo aparecía un cantante, Josh Hoyer, reivindicando el legado de Otis Redding y James Brown. Vale, no es como para rasgarse las vestiduras pero sí algo impensable en el contexto de La Voz (España), como bien dice Manrique al señalar que aquí los focos apenas se encienden para Aretha Franklin, curiosamente tenida por faraona del estilo cantable y la contundencia vocal. 

¿Pero podrían pasarse por alto los condicionantes sociales e históricos que están en la base de esta diferencia? Ni el rock ni los géneros musicales que lo preceden genealógicamente forman parte de nuestro acervo cultural y su difusión en España es relativamente tardía, dificultada no sólo por disponer de tradiciones propias si no por cuestiones económicas, ya que habrá que esperar a la aparición del formato casete para que se popularice de forma definitiva el consumo de música. 

Quizás sea lo tocante al acervo lo que explique lo anómalo de los concursantes que se mueven en el ámbito del flamenco, ámbito resistente al proceso de aculturación acontecido en el área de influencia anglosajona y del que gran parte de la crítica musical española ha ejercido como correa de transmisión.

Quedaría hacer una comparativa internacional entre diferentes programas concurso musicales para detectar posibles diferencias. Un primer vistazo indica que sí, esas diferencias existen, aunque ya estaríamos hablando de otros géneros musicales, ajenos al artículo de Manrique.

Volviendo al ámbito nacional cabría plantear dos preguntas: ¿son acaso los invasores de hoy peores que los de antes?, ¿el espacio, musical, que invaden es mejor que el que crean? Si nos ceñimos a los concursos televisivos parece difícil responder afirmativamente a ambas preguntas. Desde esta dificultad entenderíamos que los bárbaros no vienen a echar abajo nuestra Roma musical, si no a desvelar nuestra propia incivilidad. ¿La de todos? No, al revés que en los comics de Asterix, una pequeña urbs en la que impera el gusto por la cultura musical resiste a los bárbaros, es la urbe de los musiqueros. Podría pensarse que Diego A. Manrique cierra la columna con un gesto de soberbia, pero no, realmente apunta a la desconexión entre la prensa musical y el gran público, es un yo (me) acuso.





*Sin contar con los programas de las televisiones autonómicas, este sería un posible listado de programas-concurso musicales:
Hacia la fama (1957-1959), Caras nuevas (1957), Primer aplauso (1959), Primer éxito (1961), Salto a la fama (1963-1965), Danzas de España (1966), Canción 71 (1971), La gran ocasión (1972-1974), Gente joven (1974-1987), El salero (1989-1990), Lluvia de estrellas (1995-2001), Operación Triunfo  (2001-2011), Popstars España  (2002), Estudio de actores (2002),  Gente de Primera (2005), Al pie de la letra (2007-2008), Operación Tony Manero (2008), Canta!. Singstar (2008), ¡Quiero bailar! (2008), Fama, ¡a bailar! (2008-2011), Tú sí que vales, (2008-2013). Quiero cantar (2010),  Tú sí que vales y Cántame una canción (2010),  La voz (2012-2017), El número uno (2012-2013), Generación Rock (2013), ¡A bailar! (2014), Pequeños gigantes (2014- 2015), Insuperables, (2015) y los del 2016, Got Talent, Top Dance, Tu sí que sí.


miércoles, 14 de diciembre de 2016

viernes, 25 de noviembre de 2016

El Rock es la música del diablo

Bill Hicks: El Rock es la música del diablo.

martes, 22 de noviembre de 2016

Mapa musical

Spotify proporciona un mapa que permite conocer las canciones más reproducidas en las principales ciudades del mundo: enlace.





Aporía

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