sábado, 18 de abril de 2009

It's Only Rock and Roll (But I like It)

Awopbopaloobop Alopbamboom: Una historia de la música pop.
Nik Cohn
Círculo de Lectores. Barcelona, 2002

La foto de la sobrecubierta del libro habla por sí misma... Una masa de carne joven apretujada y sudorosa, expectante. La mirada entre orgásmica y bobalicona del chico del centro, abrazado a una mueca de pelo rubio; alrededor caras de admiración, impaciencia, ansiedad... Un maelstrom hormonal, un motín adolescente en la Bounty paterna capitaneado por varios jovencitos pertrechados con un ruidoso arsenal de instrumentos. Son sus héroes. Pongamos que se trata de cinco chicos con el pelo largo. El del fondo, contenido, aporreando la batería como si la cosa no fuera con él. Otro, feucho, con la mirada perdida, paralizado, tal que si estuviese atornillado al suelo, parece que trata de esconder la cara tras el mástil del bajo. A su lado un piltrafilla de mirada traviesa y movimientos gatunos; toca la guitarra con estilo; su corte de pelo a la taza apenas puede ocultar unas enormes orejas de soplillo. Un cuarto joven sonríe sin parar; es todo carisma; sopla la armónica y agita su rubia melena con violencia. En el centro, un chico escuálido de labios carnosos eleva los brazos, abofetea el aire, sacude sus caderas, no para de culebrear frente al micro. Entre bambalinas hay un tipo elegantemente vestido, lleva gafas de sol oscuras y observa atentamente toda la escena; le gusta lo que ve; él es el verdadero artífice, un tipo listo: el mánager...

...De acuerdo, esta paráfrasis, una invocación del tono con el que están escritos algunos de los pasajes de Awopbopaloobop Alopbamboom, no pasa de una torpe parodia, pero podría dar cuenta de la clave en la que Cohn interpreta el fenómeno del pop.

Greil Marcus lo destacó como el mejor entre los primeros libros escritos sobre rock and roll... Aunque más que de rock and roll la cosa va de Nik Cohn y el rock and roll. En Awopbop, Cohn hace memoria y dibuja con trazo apasionado un retrato de los diferentes estadios que atravesó el pop en su singladura a lo largo de una década y media. Para ello toma una serie de hitos - Elvis, el highschool, el soul, California, Dylan, etc. - que revisita adoptando una perspectiva necesariamente vital, al margen de cualquier atisbo de objetividad. Así, más que desde una vivisección en ambiente aséptico, académico, el libro se construye a partir de un careo con todos los episodios vividos durante esos años de idilio con la música pop, desde que no es más que un fenómeno neonato hasta su etapa manierista final, cuando ya ha mutado en arte y nadie se acuerda de Little Richard bramando su mítico Awopbopaloobop Alopbamboom mientras aporrea el piano.


Lejos, por tanto, de análisis sesudos y detallados como los del propio Marcus, el libro trata de ser el fiel reflejo de un momento; Cohn escribe como si no importase nada, como si todo no fuera más que una divertida broma para pasarlo bien, fiel al carácter teen del primer pop, a la emoción primigenia de su
beat. El propio autor dirá que la importancia del rock es emocional, no social, y el libro se podría definir finalmente como la crónica de un chico enamorado de la moda juvenil, de los chicos, de las chicas, de los mánagers...enamorado del pop. La historia está escrita cuando la criatura cumple quince años, contados desde la fecha de edición del Rock Around the Clock de Bill Halley, en 1954, y casi no ha habido tiempo para hacer de ella un objeto de estudio serio; en la práctica, el pop y sus aledaños apenas han dejado de ser un "aquí y ahora", un "toma el dinero y corre".

Cohn, que ya escribía para el dominical londinense The Observer con apenas dieciocho primaveras, acaba Awopbop en 1968. Tiene cumplidos los veintidós y tiempo para sentir nostalgia por el pop mientras escucha discos de Merle Haggard. Han sido casi doce años de noviazgo musical y cuatro de desengaño. Su editor le alquila una casa en Irlanda y en siete semanas ajusta cuentas con aquel muchacho de Londonderry que una tarde entró por error en la barriada católica de Bogside y encontró una oportunidad para reinventarse: el rock and roll. Dice en el prólogo de esta edición del libro, escrito en 1996:

Ni dinero, ni esplendor, ni esperanza de poder obtener algún beneficio. Los mocosos como yo, expulsados de las escuelas, de mal pelaje y peor comportamiento, no tenían ni la más remota posibilidad. Pero "She Loves You" lo cambió todo.
Y ahí comienza la historia de Nik el espitoso, el wannabe fascinado por los teddy boys de su ciudad que viajó a Londres para incarle el diente al superpop. Tocaba el saxo. Quería ser músico, quería ser una estrella del rock, pero carecía de talento para lo primero y del perfil necesario para lo segundo. Se propuso convertirse en escritor y se compró una máquina de escribir. Con sólo veinte años vio publicado su primer libro, Market. A continuación vendría I Am Still the Greatest, Says Johnny Angelo, una novela inspirada en uno de sus ídolos, el anti-héroe tejano P.J. Proby - a partir de la cual, por cierto, David Bowie dio forma a Ziggy Stardust -. Inmediatamente después, en 1968, llegará Pop from the Beginning, rebautizado más tarde como Awopbopaloobop Alopbamboom: The Golden Age of Rock.

Una edad dorada en medio de una etapa de auge y otra de decadencia. El punto de inflexión de la curva del pop será para Cohn
Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band
. No es que los Beatles, de los que el autor salva su primera época, tengan la culpa en exclusiva, por ahí está la carga introspectiva de poetas como Dylan, algo que la levedad congénita del pop soporta con mucha dificultad, pero la obra de madurez de los Fab Four supondrá un cambio irreversible que dará al traste con el paraiso pop del bueno de Nick.

Awopbop es un libro con no pocas querellas: Beatles vs. Stones, Lennon vs. McCartney....Pero la principal es la que se da "entre la calidad y el mito", entre el pop entendido como arte y el que provocaba estragos entre los jóvenes ingleses que veían el programa de televisión Ready, Steady, Go! Cohn nos hablará del pop como una forja de mitos adolescentes, de estrellas en las que mirarse, más acá de la idolatría mesiánica que profesará el público por los ídolos de finales de los sesenta y de los coqueteos artísticos de un fenómeno que nació para ser simplemente algo "rápido, llamativo o sexual, brutal o vulgar, monstruoso o violento". Vale
, los Stones parecían estar por encima de todo, pero no porque fueran considerados verdaderos dioses, como Dylan, sino porque lo parecían, porque se comportaban como tales:

El coche avanzaba por la calle hacia donde yo estaba y paró delante de la entrada de los camerinos del Odeón. La policía formó cordones. Entonces se abrió la puerta del coche y salieron los Rolling Stones, los cinco, con su mánager Andrew Oldham. No parecían reales. El pelo les llegaba por debajo de los hombros, vestidos con todos los colores imaginables, parecían los seres más viles y perversos que pueda imaginarse. En aquella calle gris brillaban como dioses del sol. No parecían humanos, eran como criaturas de otro planeta, imposibles de alcanzar o entender pero exóticos y bellísimos en su fealdad.
Esta fascinación de regusto hollywoodiense se torna admiración en el retrato de personajes como Tony Secunda, Lou Adler o Andrew Logg Oldham. Éste último, mánager de los Stones, tenía la clave del éxito:
Como mánager, Oldham multiplicó por cien todo lo que los Stones tenían dentro: los hizo más feos, más peludos, más anárquicos, hizo de ellos aquello que los padres más odiaban y más les asustaba. Les incitaba a ser más salvajes, más sucios, más obscenos...y lo consiguió: blasfemaban, gruñían, se burlaban de todo y deliberadamente se hacían pasar por cretinos.

Era pura psicología; los chicos que les veían por vez primera tal vez no estuviesen muy seguros de lo que significaban, pero al volver a sus casas y oír a sus padres aullando contra esos imbéciles sucios y melenudos, reaccionarían contra sus padres y se identificarían con los Stones como locos.
Efectivamente: motín a bordo, el secreto de Oldham.

Mientras suena ese estruendoso beat siguen desfilando estrellas, estrellados, mánagers, mercachifles, impostores, fans enloquecidos. Vemos el pop como mero entretenimiento, como negocio, como montaje publicitario... El pop, finalmente...

...nada excepcional; siempre sencillo, tonto, vulgar y falso; sobre todo un sonido. (...) Cuando empezó yo tenía 10 años, ahora tengo veinticinco y ha dominado mi vida. Siempre me ha rodeado, me ha formado y me ha dado mis héroes, ha construido mis mitos. Casi ha vivido por mí. Seis horas de tonterías sin valor alguno y, sin embargo, ha significado para mí más que cualquier otra cosa.
Lo verdaderamente excepcional en 1968 era hacer periodismo sobre música rock y más excepcional es aún la vigencia de un relato como el de Awopbop. Era algo que ya intuía el propio autor en una entrevista realizada en 1973, cuando, en un raro alarde de objetividad dijo: "There is only one decent book that has ever been written on pop, and that's Awopbopaloobop Alopbamboom". Podremos preguntarnos qué habrá sido de la abuela de Cohn, pero también si su afirmación, que anticipaba en unos cuantos años la de Greil Marcus, se ha visto desmentida. Es posible que haya mejores libros sobre la historia del pop, pero como Awopbop seguro que no hay ninguno.

viernes, 17 de abril de 2009

ArtEx Sonora II


Achégase a segunda edición de ArtEx Sonora. Terá lugar no MACUF da Coruña e contará coas actuacións de Stephen Cornford - o 16 de maio - e Carlos Suárez - o 23 de maio -. Este último impartirá un taller teórico-práctico sobre fonografía e arte sonoro - 16 e 17 de maio -.

domingo, 5 de abril de 2009

Espazos Sonoros 2009


Comeza unha nova edición de Espazos Sonoros. Do 15 de abril ao 28 de xuño; 88 concertos, 27 espazos e 36 formacións. Nesta url - clicando sobre "prensa" - pódese descargar o programa.

miércoles, 1 de abril de 2009

2 Tone / Clangor

O que máis me gustaba de Clangor eran aqueles motivos inspirados na estética de 2 Tone que decoraban o local. A austeridade do branco e negro dáballe á sala unha apariencia limpa, moderna, lonxe da que tiñan a maior parte das discotecas de mediados dos oitenta. As formas brandas debuxadas con trazo sinxelo dos murais, as bandas taqueadas e demáis imaxes bicolor espalladas polo local nada tiñan que ver coas flores de plástico, a formica e as luces de neón que decoraban aqueles templos ao mal gusto chegados da década anterior.

2 Tone foi un selo fundado en Coventry, Inglaterra, por Jerry Dammers. A finais dos setenta comenzou a editar discos de grupos como The Specials, The Selecter, Madness, The Beat, ademais de memorables debuts como o dos Dexy's Midnight Runners, cuia segunda referencia para a marca foi o mítico single Geno. Foron seis anos - de 1979 a 1985 - de intensa actividade como reflexo dunha subcultura, homónima, que deixou unha manchea de boas cancións, algún himno e unha atractiva estética.

O propio debuxo do anagrama de Clangor fusilaba a imaxe de Walt Jabsco, ese hard mod que xira nas galletas dos discos de 2 Tone. Vestido en riguroso bicolor: traxe negro axustado, camisa branca, garavata e pucho pork pie tamén negros; nos pés loafers acibeche, en contraste coa franxa branca dos calcetíns, que quedaban á vista polo corte das perneiras, á altura do nocello. As dúas colores eran unha alusión á unidade das razas branca e negra, expresión do carácter resistente herdado dos skinheads orixinais contra o auxe do racismo na Inglaterra da época.

Foi a figura de Peter Tosh na foto da portada do disco The Wailing Wailers a que serviu a Jerry Dammers e Horace Panter como inspiración para a imaxe de Walt Jabsco
. "Defiant & jamaican & hard", mesturaba a distinción propia dos mods coa pose arrogante do rude boy. Poucas veces a asociación dun sonido cunha imaxe funcionou tan ben coma no caso de 2 Tone.

Á marxe dos préstamos decorativos, pouco souben durante aqueles anos composteláns de 2 Tone. Non abundaban na noite santiaguesa locais nos que pincharan este tipo de música....Por non dicir que non existían. As únicas alusións a ese son eran as que se filtraban a través da música de The Clash ou Kortatu nos ambentes máis punkies, pero tanto os ritmos xamaicáns como o soul nas súas manifestacións orixinais eran "rarísima" avis daquela. Seguramente houbo excepcións, pero eu non as coñecín.

De Clangor gardo recordos dalgúns concertos, especialmente dun de Jonathan Richman. Xa non se trataba da época heroica da sala, mediados os oitenta, cando grupos como Nacha Pop tocaban gratis varios días consecutivos. Eu só coñecín
seus últimos anos, pouco antes do atentado que provocou o seu peche.

Ao redor destas circunstancias xira a película "Clangor, o filme", un proxecto de Ledesma Produccións. Neste blog pódese atopar máis información.

domingo, 29 de marzo de 2009

La Música del Siglo XX


La Música del Siglo XX
Diego Fischerman
Paidós. Buenos Aires, 1998


Al hilo de la entrada anterior se me ocurrió rescatar un libro que puede servir como introducción o complemento al tema desarrollado en el Curso de Cultura Musical que se está celebrando en el MACUF.

¿Qué es la música contemporánea? Con el pretexto de contestar a esta pregunta formulada a Luigi Nono en una conferencia, el músico y escritor argentino Diego Fischerman se ocupa en cartografiar musicalmente el siglo XX.

Consciente de la complejidad de la tarea, el autor busca un marco común a partir del cual explicar la diversidad de propuestas musicales de los últimos cien años y lo encuentra en su carácter problemático: la música del siglo XX experimenta la necesidad de preguntarse, antes de existir, acerca de su estética; la respuesta es la propia obra.

Esta particularidad, que supone la búsqueda de nuevos principios constructivos a partir de un diálogo con la música del pasado, comportará el protagonismo de nuevas variables sonoras y el desarrollo de un nuevo discurso.

Fischerman comienza explicando la adopción de modelos escalares previos a la tonalidad funcional en Satie y de recursos compositivos no dependientes de las relaciones acórdicas en Debussy como modos de escapar a la direccionalidad tonal. A continuación trata la evolución de Schoenberg desde el hipercromatismo de inspiración wagneriana a un racionalismo inspirado en Brahms.

Estos tres compositores reaccionaron de diferente forma frente al principio rector del sistema tonal: el juego alrededor de la modulación armónica. De este modo, estableciendo un diálogo con el pasado, los principales elementos constructivos del discurso musical eran desplazados a un segundo plano, dejando su lugar a otros como el timbre, el color o el ritmo.

De un modo similar, desde el dodecafonismo de la Segunda Escuela de Viena hasta los minimalistas, pasando por el formalismo de Stravinsky, Varèse como precursor de la electroacústica, la música concreta, el neomedievalismo y otras corrientes musicales, Fischerman va explicando de manera concisa y didáctica lo que dejó tras de sí el siglo XX.

Concluye el libro con una postdata en la que el autor habla de la preponderancia del valor estético de la obra musical sobre el histórico. Fischerman destaca el caso de determinadas creaciones de compositores norteamericanos, cuyo interés radica en lo que tienen de reflexión sobre la naturaleza del arte, siendo obras musicales no para ser escuchadas si no "contadas" – se cita como ejemplo 4'33'' de John Cage -.

Pero si bien la importancia estética de gran parte de las obras tratadas en el libro es sólo relativa, en conjunto acabaron por provocar un cambio de gran trascendencia al hacer necesario un tipo de oyente nuevo.

martes, 24 de marzo de 2009

El Oído Contemporáneo / Curso de Cultura Musical


No Museo de Arte Contemporáneo Unión Fenosa da Coruña vense celebrando desde decembro do ano pasado un interesante Curso de Cultura Musical. Ésta é a súa primeira edición e comprende unha serie de clases maxistrais de temática diversa co obxectivo de ofrecer unha visión panorámica sobre os diferentes ámbitos de especialización musical na actualidade.

O curso complementa a terceira edición do ciclo de concertos El Oído Contemporáneo, que ten lugar tamén no MACUF e que se céntra na música do século XX. Entre o tres de abril e o trinta e un de maio poderase asistir á interpretación de obras de Ichiyanagi, Feldman, Hindemith, Messiaen e de compositores holandeses da actualidade.

martes, 24 de febrero de 2009

Pop para gente extraña


Bart Davenport + La Brigada

Festival IN-SOMNI'09
La [2] d'Apolo, Barcelona
20 de febrero, 20:30 h

La actuación de Bart Davenport en La [2], una sala de aforo mediano anexa a la legendaria Apolo de Barcelona, me sirvió para confirmar la solvencia de este artista californiano sobre el escenario. No es que albergara dudas al respecto, ya lo había podido comprobar en su aparición en Los Conciertos de Radio 3, de TVE, acompañado por un glamuroso saxofonista, pero me faltaba verlo en vivo, algo que deseaba hacía tiempo.

La tarde empezó con La Brigada, antes conocidos como The Light Brigade, un grupo de Vilanova i la Geltrú que tan pronto visita los soleados paisajes de la costa oeste norteamericana vía Laurel Canyon como se echa unas pintas con Ray Davies en Muswell Hill. Versátiles, con talento para las buenas melodías y gusto por el detalle, añaden a la clásica instrumentación de guitarra, bajo y batería, teclados y trompeta.

El cantante brigadista anunció, pasada la media hora de actuación, la incorporación de un sexto componente que les acompañaría en un par de temas. Esa incorporación no era otra que la del propio Bart Davenport, un tipo menudo y de expresión tan amable como vivaracha que había estado bailando y aplaudiendo de manera entusiasta las canciones de los de Vilanova, engrosando el escaso público inicial.

Tenían preparados dos hits. El primero fue Between Clark and Hilldale, de Love y el segundo Euphoria, del propio Davenport, canción con regusto stoniano que le permitió ejecutar con soltura todo su repertorio de movimientos de baile, destacando sus clásicos amagos twist.


Esta parte final de la actuación de La Brigada seguro que hizo despertar en más de uno el deseo de ver a Bart Davenport acompañado por una banda, ya que en sus continuas visitas a España - excepción hecha de The Loved Ones, su encarnación mod - siempre ha actuado como solista, o al menos así me consta.

Claro, en cuanto suenan los primeros acordes de guitarra acompañando su polivalente voz, lo de la banda pasa a un segundo plano. En La [2] ni siquiera necesitó respaldo instrumental para iniciarnos en su clase magistral de orfebrería pop. El recital comenzó a capella, con algo que sonaba a balada isabelina, y continuó con la retahila de magníficas canciones que forman el catálogo de Bart, siendo Palaces, su último disco, el principal protagonista.

Los momentos álgidos en cuanto a popularidad llegaron con A Young One, Clara y Jon Jon, en los que parte del respetuoso público - gente extraña de Barcelona, en palabras de Bart - sumó su voz, me incluyo, a los irresistibles estribillos entonados por este pequeño gran hombre. Tan irresistibles que lo cierto es que se hacía difícil no tener la sensación de estar viviendo por un momento en Hamelin, dispuestos a seguir al Bart-flautista cuando bajara del escenario y atravesando la sala continuara tocando en la calle, persuadidos de la verdad contenida en esa jubilosa afirmación que dió nombre a otro de los referentes del soft-rock de las dos últimas décadas, Papas Fritas: POP HAS FREED US.

El concierto se terminó en tres bises, pero pudo haberse prolongado el tiempo que a Bart le hubiera dado la gana. Ni la pareja de sesentañeros que tenía a mi lado con los ojos como platos, ni el arrebatado cantante de La Brigada, que se sabía prácticamente todas las letras del californiano, ni, por descontado, servidor, nos hubiéramos movido de allí hasta que hubiera agotado su repertorio; y creo que la mayor parte de los que se dieron cita en La [2] hubiera hecho lo mismo. ¿Quién dijo aquello de que "lo bueno, si breve, dos veces bueno?


Al margen del concierto, me gustaría llamar la atención sobre otras formaciones en las que Bart Davenport despliega su talento, creo que merecen la pena:

Honeycut, una originalísima banda de nervio electrónico y vocación bailonga que cuenta con el atractivo adicional de tener como teclista al gran RV Salters.

http://www.youtube.com/watch?v=ee98ZDZAVf8&NR=1

http://www.myspace.com/honeycutmusic

The Loved Ones, o Bart goes mod.

http://www.youtube.com/watch?v=Z-M-vMsSRII


Finalmente, los que se hayan quedado con ganas de saber cómo suena Bart Davenport en directo con banda de acompañamiento pueden recurrir a la descarga de las canciones alojadas en esta web:


http://daytrotter.com/article/1595/bart-davenport




La fotografía que encabeza esta entrada está tomada por Quique López, colaborador en el blog alterna2. Para ver más fotos de Bart o disfrutar del buen hacer de Quique clicar aquí.

lunes, 23 de febrero de 2009

Faustakraut pasta (IV)


Can’t get no satisfaction? All you need is Faust.

En el capítulo anterior de esta serie vinculé a los Beatles con Faust de una manera un tanto caprichosa, pero la verdad es que hubo un momento en el que sí se estableció una relación entre ambos, tan remota como significativa.


En Why don’t you eat carrots, corte de inicio de Clear, el primer disco de Faust, se escuchan, como tomadas de una emisión de radio y de forma sucesiva, un par de compases de I can’t get (no) satisfaction y otro par de All you need is love. En un breve lapso, la música de Beatles y Stones es sepultada por un par de arreones de feedback; a continuación suena una secuencia de notas de piano y, acto seguido algo que, a falta de una etiqueta más inspirada, se podría definir como pop cubista. El propósito de Faust quedaba establecido en este antílogo sonoro.

El periodista y productor Uwe Nettelbeck, animado por Kurt Enders, A & R de Polydor en Alemania, quién tenía la convicción de que existía un espacio para la nueva música alemana en la esfera del rock internacional, juntó a una serie de músicos en un estudio construido a la sazón en Wümme, una ciudad situada entre Hamburgo y Bremen.

En palabras del propio Nettelbeck:
La idea era no copiar nada de lo que estaba ocurriendo en la escena rock anglosajona – y funcionó. Faust me gustan más que The Beach Boys, The Velvet Underground o los primeros Mothers debido a que su música no es sólo un “producto industrial”.

"Ellos no son “profesionales” en ese sentido – sólo intentan ser ellos mismos y no hacer otra cosa que no sea su propia música. Siempre me ha gustado la idea de editar discos que careciesen de un acabado convencional en términos de producción pero con esa particular sensación de espontaneidad que echo de menos en el negocio. En otras palabras: los discos deberían sonar como bootlegs, como grabados por alguien que acudiera a un ensayo o una improvisación y posteriormente montase el resultado de modo incoherente.
Los dos insertos que abrían el primer corte del disco no eran, por tanto, una mera cita o algo casual, sino una concisa declaración de principios: superar el carácter mimético del grueso de los grupos alemanes contemporáneos. El primer paso consistía en darle la extremaunción al canon rock.

Nettelbeck eludía cualquier comparación estilística para poner el énfasis en el objetivo: mientras los tres grupos que menciona rendían "productos industriales", lo de Faust era concebido más como un work in progress para el que la edición de un disco no constituía tanto un fin como un hecho testimonial.


La prueba incontestable de esta afirmación es The Faust Tapes, un surtido de maniobras orquestales caseras editado en 1973 por Virgin al más que módico precio de cuarenta y nueve peniques – ese año se vendieron cincuenta mil copias; más tarde se supo que la jugada fue rentable para la compañía, aunque en su momento pareciera un suicidio económico -. Según cuenta Julian Cope en Krautrock Sampler, los chicos que formarán años después The Simple Minds se deshicieron de sus copias de The Faust Tapes arrojándolas desde el tejado de su apartamento, hecho que basta para acreditar la gran calidad del disco.


Continuando con las palabras de Nettelbeck, si bien es cierto que Faust no parecían muy interesados en el acabado de sus grabaciones, sí que hay influencias anglosajonas en su música, concretamente de los grupos a los que Nettelbeck hace alusión.

Ya destacamos la importancia de Stockhausen en la segunda entrega de Fastakraut Pasta. El músico alemán había estado trabajando en 1952 junto a Pierre Schaeffer, pionero de la música concreta cuya influencia en el ámbito del rock ya diera sus frutos en 1966, año de la edición de Freak Out, primer disco de The Mothers of Invention, el grupo del californiano Frank Zappa, un referente para los alemanes.

También la sombra de The Velvet Underground planea sobre Faust. Julian Cope insiste en la fascinación de éstos por Andy Warhol y la escena experimental neoyorkina. En 1972, Tony Conrad, el que fuera componente de The Dream Syndicate junto a John Cale y La Monte Young, se desplazó a Wümme para grabar Outside the Dream Syndicate junto a tres componentes de Faust. En Krautrock Sampler Zappa aparece citado junto a The Fugs como una de las influencias más notables en el underground germano de finales de los 60, si bien Cope muestra ciertas reservas hacia la música del primero.


En cuanto a los Beach Boys, Nettelbeck era fan suyo, o al menos eso afirmaba en el inserto de Clear;..., pero hay un mundo entre el sonido de los broncíneos chicos de la playa y el de los kraut freaks de la gélida Wümme, al menos hasta que Brian Wilson renunció a las giras para ejercer de Crusoe en su estudio, transmutando el pop pueril de sus primeras obras en gospel de retórica lisérgica.


Otras influencias podrían ser las de Roxy Music o bandas del sonido canterbury como The Soft Machine. En cualquier caso es bastante patente que Faust no estaban creando ex nihilo, pero eran tan singulares que casi lo parecía.


(En la foto se ve a Nettelbeck manipulando la consola junto a los componentes de Faust).