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sábado, 4 de julio de 2015

El genio III


En la disputa que Rousseau mantuvo con Rameau se enfrentaron la libertad creadora del genio y la estricta reglamentación intelectual. Quedó claro en la entrada anterior que para el ginebrino el genio está por encima de las reglas y es precisamente por esto por lo que está autorizado a imponer otras nuevas. Para Rameau, púgil entrenado en la escuela cartesiana, sin embargo, la música responde a principios universales y expresa el orden matemático al que obedece la creación.

Visto así, a Rameau parecería bastarle el conocimiento de las reglas armónicas para componer buena música. Pero no. Escribía Rameau en su Tratado de armonía que "hay un mundo de diferencia entre una música sin faltas y una música perfecta". En relación con esto mismo deja dicho en el Prefacio: "Es verdad que hay ciertas perfecciones que dependen del genio y del gusto (...) Por lo demás, este conocimiento perfecto sirve para poner a trabajar el genio y el gusto, que sin él se convierten a menudo en talentos inútiles".

Rameau, por tanto, y anticipándose a Rousseau, defiende el genio musical y entiende que no se debe ser estricto en exceso con las reglas, pero concluye que sin ellas el genio es insuficiente.


domingo, 21 de junio de 2015

El genio II




No busques, joven artista, en qué consiste el genio. Si lo posees, lo sientes en tu interior. Si no lo posees, jamás lo conocerás. El genio del músico somete el universo entero a su arte. Pinta todas las imágenes con sonidos; hace que incluso el silencio mismo hable; revela las ideas mediante sentimientos, los sentimientos mediante acentos, y las pasiones que expresa, las excita en el fondo de los corazones. Por él, la voluptuosidad adquiere nuevos encantos; el dolor que hace gemir arranca gritos; quema continuamente y no se consume nunca. Expresa con calor las escarchas y los hielos; incluso cuando pinta los horrores de la muerte, lleva en el alma ese sentimiento de vida que nunca le abandona y comunica a los corazones capacitados para sentirlo. Pero desgraciadamente, nada sabe sugerir en los que carecen de su germen, y sus prodigios son poco evidentes para quien no los puede imitar. Por tanto, ¿quieres saber si te anima alguna chispa de ese fuego devorador? Corre, vuela a Nápoles para escuchar las obras maestras de Leo, de Durante, de Jomelli, de Pergolesi. Si tus ojos se llenan de lágrimas, si sientes palpitar tu corazón, si te turban los escalofríos, si la opresión te ahoga en tus delirios, coge el [un libreto] de Metastasio y trabaja; su genio inflamará el tuyo; crearás siguiendo su ejemplo; allí está lo que  concibe el genio y otros ojos te compensarán luego de las lágrimas que tus maestros te han hecho verter. Pero si los encantos de este gran arte te dejan impasible, si no sientes delirio ni encanto, si encuentras simplemente bello lo que arrebata, ¿te atreves a preguntar en qué consiste el genio? Hombre vulgar, nunca profanes ese nombre sublime. ¿De qué te valdría conocerlo? No lograrías sentirlo: haz música francesa.
J.J. Rousseau. Diccionario de la música. 

Dice además Rousseau en la voz Patético, adjetivo que hace referencia al "género de música dramática y teatral que tiende a pintar y a cautivar las grandes pasiones y de forma particular el dolor y la tristeza", que "lo verdaderamente Patético está en el acento pasional, que no viene determinado en absoluto por las reglas; pero que el genio encuentra y el corazón siente, sin que el Arte pueda, de ninguna manera, darle la ley".