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martes, 14 de marzo de 2017

Spain is different?

la voz, concurso televisivo

Con el escalpelo en una mano y la pluma en la otra vamos hoy a diseccionar una columna del maestro Diego A. Manrique. Naturalmente lo ideal es leerla antes, pero, por si hay algún lector impaciente, extracto aquí lo que me ha servido como fundamento de esta entrada:
          
           Llegaron los bárbaros [titular]
Los concursos televisivos nos revelan la realidad musical del país [bajada]
[Los talentosos concursantes] No leen periódicos, no reconocen a los grupos o solistas que ocupan las portadas de la prensa especializada
....
Con una excepción: los competidores en flamenco veneran el santoral del cante e incluso manejan dos o tres nombres de guitarristas.
...
Al final, uno empieza a intuir que ellos, los participantes en los talent shows, representan la realidad de España 2017. Somos nosotros, los musiqueros, quienes definitivamente residimos en un universo paralelo, en una lejana galaxia reservada para especies raras.


Resumiendo: el homo hispanicus, en lo que a cultura musical se refiere, deja mucho que desear, viene a decir el periodista, lo prueba la ignorancia de los participantes en el programa de televisión La Voz.


El artículo serviría como ejemplo palmario del sesgo de confirmación: partimos de una hipótesis - los españoles tenemos poca cultura musical - y buscamos información que la verifique - las declaraciones de los participantes en La voz -. Obviamente el fenómeno televisivo – Manrique apunta que la música es un ingrediente más - de los concursos es insuficiente para dar cuenta de las preferencias musicales de los españoles, y en rigor tampoco podría hablarse de invasión, dado que este tipo de programas se emiten en España desde antes incluso que Cuéntame*. En cualquier caso Manrique guarda la ropa y anuncia ese pars pro toto final - [los bárbaros] representan la realidad de España 2017 – como una intuición. 

Esta precaución, una manera de reconocer de forma implícita que el artículo fuerza la realidad en su provecho, nos invita a un ejercicio similar. Ensayaremos un par de objeciones.

Más que probablemente de manera casual, el andamiaje de la intuición es similar al de esa ya vieja propaganda negrolegendaria - España como anomalía histórica, como excepción - que busca conformar una imagen negativa de los españoles, esos sujetos tan proclives a poner el lomo en cuanto aparece una fusta, cuando no a autofustigarse. Claro, falta el término de comparación, el país o países en los que el fenómeno de barbarización musical o bien no existe o bien está compensado por otro de signo contrario. Pero esta ausencia, lejos de anular el juicio, nos pondría en una situación de mayor gravedad, la de ser incomparablemente malos, la de ser lo peor.

En cualquier caso, el Spain is the worst sería inmediatamente desmentido por el hecho de estar refiriendo un fenómeno internacional. El original, The Voice, es una producción de la UA Media Group para la NBC a partir de una idea de John de Mol. Aquí no hay excepcionalidad alguna. Así las cosas, habría que escudriñar en las distintas producciones de The Voice y compararlas a la española para ver si podemos detectar algún «hecho diferencial». Tras una brevísima prospección en internet y completando el estudio con un poco de imaginación (¡!), podemos barruntar que en los países de nuestro entorno las similitudes ganan en número a las diferencias. Grosso modo triunfa un género en el que se valora más la contundencia vocal que la singularidad y, en consecuencia, el estilo cantable frente al declamativo (como se me está yendo un poco la mano con los calificativos, aclaro para que se me entienda: cantable sería el estilo, por ejemplo, de Christina Aguilera, y declamativo el de Leonard Cohen o, ya en el extremo, el de Lou Reed o Bob Dylan, ambos también ejemplos de singularidad vocal; el rap no entra en el repertorio). 

La excepcionalidad estaría referida, por eliminación, a los dos países que nutren el canon de la música pop, que son los de la anglobalización cultural: Reino Unido y Estados Unidos. Aquí sí que las diferencias se muestran a poco que indaguemos. Baste decir que en uno de los (pocos) vídeos visualizados para este precario trabajo de campo aparecía un cantante, Josh Hoyer, reivindicando el legado de Otis Redding y James Brown. Vale, no es como para rasgarse las vestiduras pero sí algo impensable en el contexto de La Voz (España), como bien dice Manrique al señalar que aquí los focos apenas se encienden para Aretha Franklin, curiosamente tenida por faraona del estilo cantable y la contundencia vocal. 

¿Pero podrían pasarse por alto los condicionantes sociales e históricos que están en la base de esta diferencia? Ni el rock ni los géneros musicales que lo preceden genealógicamente forman parte de nuestro acervo cultural y su difusión en España es relativamente tardía, dificultada no sólo por disponer de tradiciones propias si no por cuestiones económicas, ya que habrá que esperar a la aparición del formato casete para que se popularice de forma definitiva el consumo de música. 

Quizás sea lo tocante al acervo lo que explique lo anómalo de los concursantes que se mueven en el ámbito del flamenco, ámbito resistente al proceso de aculturación acontecido en el área de influencia anglosajona y del que gran parte de la crítica musical española ha ejercido como correa de transmisión.

Quedaría hacer una comparativa internacional entre diferentes programas concurso musicales para detectar posibles diferencias. Un primer vistazo indica que sí, esas diferencias existen, aunque ya estaríamos hablando de otros géneros musicales, ajenos al artículo de Manrique.

Volviendo al ámbito nacional cabría plantear dos preguntas: ¿son acaso los invasores de hoy peores que los de antes?, ¿el espacio, musical, que invaden es mejor que el que crean? Si nos ceñimos a los concursos televisivos parece difícil responder afirmativamente a ambas preguntas. Desde esta dificultad entenderíamos que los bárbaros no vienen a echar abajo nuestra Roma musical, si no a desvelar nuestra propia incivilidad. ¿La de todos? No, al revés que en los comics de Asterix, una pequeña urbs en la que impera el gusto por la cultura musical resiste a los bárbaros, es la urbe de los musiqueros. Podría pensarse que Diego A. Manrique cierra la columna con un gesto de soberbia, pero no, realmente apunta a la desconexión entre la prensa musical y el gran público, es un yo (me) acuso.





*Sin contar con los programas de las televisiones autonómicas, este sería un posible listado de programas-concurso musicales:
Hacia la fama (1957-1959), Caras nuevas (1957), Primer aplauso (1959), Primer éxito (1961), Salto a la fama (1963-1965), Danzas de España (1966), Canción 71 (1971), La gran ocasión (1972-1974), Gente joven (1974-1987), El salero (1989-1990), Lluvia de estrellas (1995-2001), Operación Triunfo  (2001-2011), Popstars España  (2002), Estudio de actores (2002),  Gente de Primera (2005), Al pie de la letra (2007-2008), Operación Tony Manero (2008), Canta!. Singstar (2008), ¡Quiero bailar! (2008), Fama, ¡a bailar! (2008-2011), Tú sí que vales, (2008-2013). Quiero cantar (2010),  Tú sí que vales y Cántame una canción (2010),  La voz (2012-2017), El número uno (2012-2013), Generación Rock (2013), ¡A bailar! (2014), Pequeños gigantes (2014- 2015), Insuperables, (2015) y los del 2016, Got Talent, Top Dance, Tu sí que sí.


lunes, 26 de agosto de 2013

Mr. Wilson & friends

"¿De verdad te gustan los Beatles? Se lo tengo que contar a mis amigos, no sabía que eran conocidos en España".

Brian Wilson entrevistado por Diego Alfredo Manrique.

miércoles, 12 de junio de 2013

Como lágrimas en la lluvia II


Amplío aquí otro breve comentario que hice en el blog Los hijos bastardos de Henry Chinaski, en una entrada que trata sobre la importancia del directo en música pop a partir de la entrevista de Juan Puchades a Diego A. Manrique publicada por Efeeme. Lo que sigue, en cursiva, es el fragmento de la entrevista que da pie al comentario, que va a continuación.

JP: Tengo la sensación de que en los últimos años has abandonado la crítica de discos, ¿no la echas de menos?
DAM: Sí, pero no es que la haya abandonado, es que nos lo han puesto imposible, por lo menos en los medios en los que trabajo: ya fue terrorífico el formato de las críticas de ‘Tentaciones’ [suplemento joven de "El País"], que eran, yo qué sé, setenta palabras, y luego en ‘Babelia’ [suplemento cultural de "El País"] pueden ser un poquito más largas, pero no tenemos el margen de la gente de la literatura, del cine, del teatro. No hemos logrado la consideración de que un disco es un acontecimiento cultural tan grande como todo eso, venimos lastrados por esa idea del directo, eso es lo que importa.
Lo veía en “El País” y se me llevaban los demonios. Es decir, un concierto de un grupo que, seguramente, sumando las tres actuaciones que hace en España lo van a ver mil quinientas personas, tiene más espacio que un disco que lo puede escuchar un millón y medio de personas en unas semanas. Esa es una lucha que hemos perdido; a determinados discos se les debería de dar un tratamiento especial, pero no lo consigues. Es que es absolutamente acojonante. El concierto te puede justificar el tratamiento largo de un artista, pero no el disco, no es como vemos con el cine o incluso de algo que en muchos casos es muy minoritario, como el teatro, que tiene más espacio. Aunque también es cierto que el teatro ofrece muchos menos estrenos que el mundo del disco.
JP: ¿Es realmente una batalla perdida?
DAM: Sí, porque es esa idea que mantienen los periodistas mayores, por así decirlo, que pueden ser de cualquier edad, de que el directo es la máxima expresión de la música popular, y sobre eso discrepo totalmente, para mí la máxima expresión es el disco. Aunque eso tampoco te lo va a reconocer nunca ningún artista, porque, obviamente, viven del directo, pero me parece que un disco es tan merecedor de atención y de espacio y de estudio como una película.

Como acontecimiento desde luego que el disco es más importante y sorprende la torpeza de los directores de las secciones "culturales" de prensa. Después..., bueno, el disco es el referente principal y la base sobre la que se construye la biografía de una banda, que es esencialmente una discografía. 
Diego A. Manrique no justifica por qué el disco le parece la máxima expresión de la música popular, lo deja ahí apuntado. Quizás pueda deberse a que la madre de todas las batallas en la música pop a partir de mediados de los sesenta se da en el estudio (en alguna parte de la entrevista menciona a The Residents; difícil encontrar un ejemplo mejor*) Otra clave: los Beatles dejaron de tocar en 1966, justo después de Rubber Soul y antes de poner el pop patas arriba...desde el estudio. La tecnología aquí es algo fundamental, y en casa también: a partir del momento en que se dispone de buenos (y baratos) equipos de reproducción musical, el consumo de discos se dispara y la mayor parte del tiempo que dedicamos a escuchar música lo hacemos con las pantuflas puestas. Incluso ya a mediados de los sesenta se montan los primeros all-nighters alrededor de los djs: un pinchadiscos ocupa el lugar de los músicos. 
Con respecto a los discos en directo, siempre me ha parecido algo extraño lo de enlatar el cuerpo a cuerpo. Otra cosa son las grabaciones hechas en estudio con los músicos interpretando simultáneamente, sin overdubs, que sí creo interesantes**.


*Chris Cutler en su libro File Under Popular dice lo siguiente de The Residents: 
Cuando observamos a The Residents a través de sus producciones musicales encontramos un desarrollo de la técnica que es impenetrable, de ningún modo accesible desde nuestros habituales criterios de competencia instrumental o de búsqueda de similitudes dentro de un género conocido (una buena canción de country tiene que sonar como otras buenas canciones country, con variaciones esenciales menores - juzgamos sobre su calidad a partir de la interrelación de esos dos parámetros - ). (...) Mientras que el Jazz creció dentro dentro de una comunidad y nunca pudo eludir la facticidad de la actuación, esta nueva forma creció de manera directa a partir de las posibilidades inherentes a la nueva tecnología y desde la vida del sonido como sonido grabado. (...). The Residents eran, por encima de todo, un grupo nacido, educado y alimentado en el estudio de grabación. Y no de manera inconsciente; a causa de entender inmediatamente lo que era un estudio y cómo podía ser usado para componer, construir y llevar desde la concepción a la conclusión trabajos sonoros que tenían poco o nada que ver con la música tocada, construyeron el suyo propio. 
File Under Popular. Chris Cutler. ReR Megacorp. Londres, 1991.
** Por poner dos ejemplos, las grabaciones de Neil Young & The Stray Gators para Harvest o Whites Off Earth Now! de Cowboy Junkies.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Como lágrimas en la lluvia

Acabo de leer la recomendable entrevista que Juan Puchades hace a Diego Alfredo Manrique en la revista Efeeme. Comenzando por la reciente publicación del libro Jinetes en la tormenta, a lo largo de la conversación se van tocando diferentes palos y, como es costumbre, DAM proporciona una buena dosis de anécdotas y análisis a partir de su dilatada experiencia como periodista musical. Aquí van un par de breves observaciones a rebufo de otras entradas de este mismo blog (1, 2, 3 y 4).
En la primera entrega tanto entrevistador como entrevistado coinciden en su idea sobre la relación entre el público y la crítica especializada:
- DAM: (...)¿Qué ha ocurrido? Que la música que nosotros cubrimos cada vez es más rara y la música del gran público cada vez es peor porque nadie dice si eso tiene o no tiene valor. (...) Es muy difícil que una gran canción de Love of Lesbian llegue al gran público, y Love of Lesbian son casi fenómeno de masas. 

- JP: Sí, de hecho son más de masas que muchos de los que se consideran del mainstream. 

- DAM: Exactamente.
Se podrá matizar lo que se quiera, pero en este intercambio de impresiones hay una contradicción más que visible: la música que la crítica cubre es cada vez más rara - lo cual tampoco debería extrañar cuando se trata de crítica especializada, esto sin entrar a discutir en qué consiste tal especialización - y sin embargo uno de sus grupos bandera es "casi" un fenómeno de masas. Dejémoslo en que el problema apunta a una desconexión entre público y crítica "tradicional"/industria, propiciada por las posibilidades que ofrece internet.
-JP: Luego resulta que los oyentes, en general, son mucho más fundamentalistas que los propios críticos y que los propios artistas a los que admiran. Al que le gusta el rock, solo consume rock y al que le mola el indie, solo le da al indie. 
- DAM: Pero eso es una consecuencia de cómo se vive aquí la música, como un accesorio de moda y un documento de identidad cultural. (...) son una minoría, pero la minoría que gritaba más y que se compraba las revistas musicales. (...) En realidad la gente, el público en general, está abierto a todo, de hecho su modo de consumo es, de natural, ecléctico. 
- DAM: Pero sí que hay canciones enormes, (...) pero como existe este muro de Berlín entre el uno por ciento de los melómanos y el noventa y nueve por ciento del resto de la población, pues ahí se quedan. 
Pues quizás por ahí vayan los tiros: parece haber sólo un uno por ciento de público potencialmente interesado en la crítica especializada, el resto elige en base a unos parámetros distintos a los que maneja ésta. Tengo serias dudas de que esto haya sido alguna vez de otro modo y de que vaya a cambiar: el consumidor de prensa musical especializada busca, por decir así, afirmar una identidad - y en España decir prensa musical es decir Ruta 66 y Rockdelux, que responden a los perfiles clásico y moderno, respectivamente - mientras que el público en general es más ecléctico, con un modo de consumo discrecional en el que la mediación de la crítica no es necesaria. 

Pero es que además la pedagogía musical no parece tarea fácil :
-DAM: Entonces te das cuenta de que se han ido cultivando las peores tendencias, la tendencia borrica a responder tú no nos vas a decir a nosotros lo que tenemos que hacer, porque nosotros nos enorgullecemos de no escuchar lo que digan los críticos o lo que diga la prensa.
Concluye DAM:
-Evidentemente se ha implantado este mundo tan extraño en el que vivimos: prestamos una enorme atención a grupos absolutamente minoritarios y luego ignoramos a los grupos masivos. Y ya no te digo nada si estamos hablando de lo que podríamos llamar pop de consumo: ¿cuándo hemos visto una crítica de Alejandro Sanz?
La cuestión, insisto, es si para que Alejandro Sanz llegue al público es necesaria la participación de un publicista, lo que no quiere decir que tal participación deje de ser interesante.

A pesar del, o quizás a causa del, constante puenteo por parte del consumidor - y aquí tienen mucho que ver, como se dijo antes, las posibilidades que ofrece internet: los errores ya no se pagan a 20 € -, se insiste en la importancia de la crítica musical. Por si fuera poco, su papel se ve distorsionado tanto por el reemplazo generacional como por la avalancha de novedades discográficas que impulsa el mercado, cosa que ambos reconocen. 

Aquí lo dejo, aprovechando para recordar que Diego A. Manrique continúa impartiendo magisterio desde La zona salvaje en Radio Gladys Palmera.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Pólvora del Rey


En esta entrevista publicada en el magazine Jot Down, Diego A. Manrique opina sobre el panorama musical televisivo y nos advierte de que cuando se trata de dinero público lo mejor es apuntarse a la caza mayor:
¿Ves un poco deprimente el panorama musical televisivo? Apenas quedan programas de renombre sobre música, los conciertos de Radio 3 y ya…
Ya, pero bueno, forma parte del empequeñecimiento de la televisión pública y la falta de respeto. Por pura necesidad periodística deberían cubrir lo que está pasando en el país. Por ejemplo, uno de los tesoros de Televisión Española es el archivo. Cualquier documental que quieras hacer, cualquier elemento, lo tiene el archivo de TVE. Lo bueno de estar en Prado del Rey es que si eras un friki te dejaban hacer: había mucho margen. Con la entrada de las privadas cambia la mentalidad. En los 90 les hacía propuestas de programas musicales baratos y no me daba cuenta de lo errado que estaba: en un programa barato no se puede robar. No puedes colocar a tus amigos, amantes, a tu hijo. Hubiera sido más fácil vender un programa caro como hizo Miguel Bosé con Séptimo de Caballería. Tardé muchos años en darme cuenta.

lunes, 2 de agosto de 2010

El Ambigú, D.E.P.


Me enteré leyendo el periódico: cesado. Fin de ciclo. Era el último de los tres mosqueteros: Ordovás, Chema Rey y él, Diego A. Manrique. Mucho tiempo había pasado desde aquel Diario Pop de los primeros ochenta. Ahora despachaba eclecticismo con criterio desde el micrófono de El Ambigú, en Radio 3: un día boogaloo, al siguiente remezclas de temas de The Clash o algo del gran Tommy McCook; quizás se arriesgara con el irradiable Exile on Main Street de Pussy Galore o diese la tabarra con algo de letfield último grito...Entre canción y canción sustanciosos comentarios, muchas veces aderezados con un buen chorretón de sarcasmo.

Junto con el contestador de Siglo XXI, era el único programa de Radio 3 al que prestaba algo de atención. Merecía la pena buscarlo en el dial, aún a riesgo de toparse con el de Julio Ruíz o de escuchar un par de compases de aquello que perpetraban desde Área Reservada.


La emisora ha ido cambiando con los años, como es natural. En esa parrilla que sirve ahora para hacer churrasco con las viejas glorias se han ido acomodando nuevos espacios en los que suenan reggae, flamenco, rap y otros estilos antes ausentes. Continúan clásicos como Carlos Galilea, Juan de Pablos o el entrañable "Cifu", con sus interminables listas de intérpretes de jazz. Así las cosas, y pese a las bajas, no creo que la situación sea como para lamentarse en exceso, y menos después de ver como el vecino acaba de salvar las barbas in extremis, cuando ya las había puesto en remojo: la británica BBC 6, que vendría a ser - con bastantes matices - el equivalente de R3, estuvo a punto de desaparecer "por reajustes". Se puede decir que la mera supervivencia de una emisora de estas características es casi un milagro.

La salida de Diego A. Manrique no ha estado exenta de polémica. Él expone sus razones en esta entrevista para EFEME. Por otra parte, la dirección de RNE se ha limitado a decir que:
"Diego Manrique ha cesado como asesor de la dirección de RNE y ha rechazado seguir haciendo el programa “El Ambigú". La dirección de RNE ha decidido prescindir en estos momentos de esta figura de asesor de la dirección por un reajuste de su organigrama. La dirección de RNE ha ofrecido a Diego Manrique seguir realizando el programa “El Ambigú” en Radio 3, lo que él ha rechazado".
La cosa no tiene visos de solucionarse y es muy difícil que un programa como El Ambigú encuentre acomodo en otra emisora. Esperemos, por el estado crítico en el que se encuentra la programación musical radiofónica en España, que la próxima vez que se plantee una situación como ésta, los que han de tomar las decisiones, a falta de sentido estético traten de usar el común.