Mostrando entradas con la etiqueta G.K.Chesterton. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta G.K.Chesterton. Mostrar todas las entradas

sábado, 2 de mayo de 2020

Progresa inadecuadamente



¿Y el progreso (en la música)? Escribe Chesterton:
Gran parte del prosaísmo de la historia se debe a la idea de progreso, pues la historia debe ser progreso invertido. Si las cosas se han ido haciendo siempre automáticamente cada vez más brillantes y mejores, entonces seguir la huella de las cosas hacia atrás es penetrar cada vez más no sólo en la oscuridad, sino también en el prosaísmo. Es pasar del oro al plomo y del plomo al barro; de las novedades bellas a las negaciones monótonas. Pero, en realidad, esas novedades bellas jamás han aparecido sino cuando fue negada a su vez esa teoría negativa del pasado. Han aparecido cuando la gente empezó a explotar la cantera de una civilización más antigua porque era más civilizada que su propia civilización. Eso es, evidentemente, lo que sucedió en el Renacimiento, pero sucedió también en muchos casos en que es menos evidente.
Gilbert K. Chesterton. El color de España y otros ensayos. Ediciones Espuela de Plata. Sevilla, 2009.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Artistas y genios




(...) el artista es una persona que comunica algo. Puede comunicarlo más o menos fácil y rápidamente o puede comunicarlo a un mayor o menor número de personas, pero es una cuestión de comunicación, no sólo de lo que algunas personas llaman expresión. En sentido más estricto, incluso podría decirse que no puede haber expresión a menos que exista comunicación. Sé que durante un tiempo ha existido la costumbre de decir que el artista expresa algo como si ello sólo significara que se libera de algo. Puede ser natural que el artista desee liberarse de su arte, sobre todo si consideramos lo que es a veces ese arte. Pero su tarea no consiste solamente en entregarse a sí mismo, sino también, y lo digo muy solemnemente, en entregar su mercancía. Esto es, como digo, una perogrullada, pero queda olvidada extrañamente en gran parte de la alharaca de moda acerca de la autoexpresión artística. El artista, en definitiva, se muestra como un ser inteligente al hacerse inteligible. No digo haciéndose fácil de comprender, sino siendo verdaderamente comprendido.

Sin embargo, aún se habla mucho del espíritu aislado e incomunicable del hombre genial, de que hay en él cosas demasiado profundas para poder ser expresadas y demasiado sutiles para que puedan ser objeto de la crítica general. Esto es precisamente lo falso con respecto al artista. (...) la finalidad del músico habría de ser, evidentemente, morir con toda su música fuera de él, aunque rara vez se pueda conseguir ese estado de cosas ideal.

La cuestión es, no obstante, que no basta con que el músico saque su música fuera de él sino que además debe introducir su música en algún otro. (...) si todo lo que puede decir el músico es que posee una fuerza y una pasión secretas, que su imaginación es visitada por visiones que el mundo ignora por completo, que tiene conciencia de un punto de vista enteramente propio y que no puede expresarse de una manera común y comprensible, entonces es como si dijera sencillamente que no es artista, y ahí termina el asunto.

G. K. Chesterton. Sobre el verdadero artista. El color de España. Sevilla, Espuela de plata, 2009.