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miércoles, 31 de julio de 2013

El ritmo perdido (Extended play)

Presentación en la UCA de El ritmo perdido de Santiago Auserón.




lunes, 8 de julio de 2013

Entrevista a Santiago Auserón sobre su libro "El ritmo Perdido"

Queda inaugurada esta nueva sección del blog - tres seis cinco - con una interesantísima entrevista a Santiago Auserón a raíz de la reciente publicación de su libro El ritmo perdido.




lunes, 9 de julio de 2012

Underground


Ourit Ben-Haim es una artista afincada en Nueva York. Actualmente publica un blog con una serie de fotos llamada Underground New York Public Library - la librería pública del metro de NY -, en la que el único requisito para ser incluido es estar en el metro de la ciudad leyendo un libro. El resultado es muy vistoso, tanto por lo variopinto de las lecturas como de los lectores. 
¿Y qué tiene esto que ver con la música? Como era de esperar, algunas de las lecturas del metro neoyorquino tocan lo musical. Un viajero lee Love Goes to Buildings on Fire: Five Years in New York That Changed Music Forever, libro en el que Will Hermes relata la intensa actividad musical de la ciudad durante la segunda mitad de la década de los setenta, cuando convivían salsa, punk, no-new york, minimalismo, hip-hop, disco, free-jazz y otros estilos en un periodo sin parangón. Las referencias de Love Goes to Buildings on Fire conforman otro retrato, en este caso sonoro, de esa ciudad-mosaico y son el fondo musical idóneo para darse una vuelta por el blog de Ben-Haim.


sábado, 18 de abril de 2009

It's Only Rock and Roll (But I like It)

Awopbopaloobop Alopbamboom: Una historia de la música pop.
Nik Cohn
Círculo de Lectores. Barcelona, 2002

La foto de la sobrecubierta del libro habla por sí misma... Una masa de carne joven apretujada y sudorosa, expectante. La mirada entre orgásmica y bobalicona del chico del centro, abrazado a una mueca de pelo rubio; alrededor caras de admiración, impaciencia, ansiedad... Un maelstrom hormonal, un motín adolescente en la Bounty paterna capitaneado por varios jovencitos pertrechados con un ruidoso arsenal de instrumentos. Son sus héroes. Pongamos que se trata de cinco chicos con el pelo largo. El del fondo, contenido, aporreando la batería como si la cosa no fuera con él. Otro, feucho, con la mirada perdida, paralizado, tal que si estuviese atornillado al suelo, parece que trata de esconder la cara tras el mástil del bajo. A su lado un piltrafilla de mirada traviesa y movimientos gatunos; toca la guitarra con estilo; su corte de pelo a la taza apenas puede ocultar unas enormes orejas de soplillo. Un cuarto joven sonríe sin parar; es todo carisma; sopla la armónica y agita su rubia melena con violencia. En el centro, un chico escuálido de labios carnosos eleva los brazos, abofetea el aire, sacude sus caderas, no para de culebrear frente al micro. Entre bambalinas hay un tipo elegantemente vestido, lleva gafas de sol oscuras y observa atentamente toda la escena; le gusta lo que ve; él es el verdadero artífice, un tipo listo: el mánager...

...De acuerdo, esta paráfrasis, una invocación del tono con el que están escritos algunos de los pasajes de Awopbopaloobop Alopbamboom, no pasa de una torpe parodia, pero podría dar cuenta de la clave en la que Cohn interpreta el fenómeno del pop.

Greil Marcus lo destacó como el mejor entre los primeros libros escritos sobre rock and roll... Aunque más que de rock and roll la cosa va de Nik Cohn y el rock and roll. En Awopbop, Cohn hace memoria y dibuja con trazo apasionado un retrato de los diferentes estadios que atravesó el pop en su singladura a lo largo de una década y media. Para ello toma una serie de hitos - Elvis, el highschool, el soul, California, Dylan, etc. - que revisita adoptando una perspectiva necesariamente vital, al margen de cualquier atisbo de objetividad. Así, más que desde una vivisección en ambiente aséptico, académico, el libro se construye a partir de un careo con todos los episodios vividos durante esos años de idilio con la música pop, desde que no es más que un fenómeno neonato hasta su etapa manierista final, cuando ya ha mutado en arte y nadie se acuerda de Little Richard bramando su mítico Awopbopaloobop Alopbamboom mientras aporrea el piano.


Lejos, por tanto, de análisis sesudos y detallados como los del propio Marcus, el libro trata de ser el fiel reflejo de un momento; Cohn escribe como si no importase nada, como si todo no fuera más que una divertida broma para pasarlo bien, fiel al carácter teen del primer pop, a la emoción primigenia de su
beat. El propio autor dirá que la importancia del rock es emocional, no social, y el libro se podría definir finalmente como la crónica de un chico enamorado de la moda juvenil, de los chicos, de las chicas, de los mánagers...enamorado del pop. La historia está escrita cuando la criatura cumple quince años, contados desde la fecha de edición del Rock Around the Clock de Bill Halley, en 1954, y casi no ha habido tiempo para hacer de ella un objeto de estudio serio; en la práctica, el pop y sus aledaños apenas han dejado de ser un "aquí y ahora", un "toma el dinero y corre".

Cohn, que ya escribía para el dominical londinense The Observer con apenas dieciocho primaveras, acaba Awopbop en 1968. Tiene cumplidos los veintidós y tiempo para sentir nostalgia por el pop mientras escucha discos de Merle Haggard. Han sido casi doce años de noviazgo musical y cuatro de desengaño. Su editor le alquila una casa en Irlanda y en siete semanas ajusta cuentas con aquel muchacho de Londonderry que una tarde entró por error en la barriada católica de Bogside y encontró una oportunidad para reinventarse: el rock and roll. Dice en el prólogo de esta edición del libro, escrito en 1996:

Ni dinero, ni esplendor, ni esperanza de poder obtener algún beneficio. Los mocosos como yo, expulsados de las escuelas, de mal pelaje y peor comportamiento, no tenían ni la más remota posibilidad. Pero "She Loves You" lo cambió todo.
Y ahí comienza la historia de Nik el espitoso, el wannabe fascinado por los teddy boys de su ciudad que viajó a Londres para incarle el diente al superpop. Tocaba el saxo. Quería ser músico, quería ser una estrella del rock, pero carecía de talento para lo primero y del perfil necesario para lo segundo. Se propuso convertirse en escritor y se compró una máquina de escribir. Con sólo veinte años vio publicado su primer libro, Market. A continuación vendría I Am Still the Greatest, Says Johnny Angelo, una novela inspirada en uno de sus ídolos, el anti-héroe tejano P.J. Proby - a partir de la cual, por cierto, David Bowie dio forma a Ziggy Stardust -. Inmediatamente después, en 1968, llegará Pop from the Beginning, rebautizado más tarde como Awopbopaloobop Alopbamboom: The Golden Age of Rock.

Una edad dorada en medio de una etapa de auge y otra de decadencia. El punto de inflexión de la curva del pop será para Cohn
Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band
. No es que los Beatles, de los que el autor salva su primera época, tengan la culpa en exclusiva, por ahí está la carga introspectiva de poetas como Dylan, algo que la levedad congénita del pop soporta con mucha dificultad, pero la obra de madurez de los Fab Four supondrá un cambio irreversible que dará al traste con el paraiso pop del bueno de Nick.

Awopbop es un libro con no pocas querellas: Beatles vs. Stones, Lennon vs. McCartney....Pero la principal es la que se da "entre la calidad y el mito", entre el pop entendido como arte y el que provocaba estragos entre los jóvenes ingleses que veían el programa de televisión Ready, Steady, Go! Cohn nos hablará del pop como una forja de mitos adolescentes, de estrellas en las que mirarse, más acá de la idolatría mesiánica que profesará el público por los ídolos de finales de los sesenta y de los coqueteos artísticos de un fenómeno que nació para ser simplemente algo "rápido, llamativo o sexual, brutal o vulgar, monstruoso o violento". Vale
, los Stones parecían estar por encima de todo, pero no porque fueran considerados verdaderos dioses, como Dylan, sino porque lo parecían, porque se comportaban como tales:

El coche avanzaba por la calle hacia donde yo estaba y paró delante de la entrada de los camerinos del Odeón. La policía formó cordones. Entonces se abrió la puerta del coche y salieron los Rolling Stones, los cinco, con su mánager Andrew Oldham. No parecían reales. El pelo les llegaba por debajo de los hombros, vestidos con todos los colores imaginables, parecían los seres más viles y perversos que pueda imaginarse. En aquella calle gris brillaban como dioses del sol. No parecían humanos, eran como criaturas de otro planeta, imposibles de alcanzar o entender pero exóticos y bellísimos en su fealdad.
Esta fascinación de regusto hollywoodiense se torna admiración en el retrato de personajes como Tony Secunda, Lou Adler o Andrew Logg Oldham. Éste último, mánager de los Stones, tenía la clave del éxito:
Como mánager, Oldham multiplicó por cien todo lo que los Stones tenían dentro: los hizo más feos, más peludos, más anárquicos, hizo de ellos aquello que los padres más odiaban y más les asustaba. Les incitaba a ser más salvajes, más sucios, más obscenos...y lo consiguió: blasfemaban, gruñían, se burlaban de todo y deliberadamente se hacían pasar por cretinos.

Era pura psicología; los chicos que les veían por vez primera tal vez no estuviesen muy seguros de lo que significaban, pero al volver a sus casas y oír a sus padres aullando contra esos imbéciles sucios y melenudos, reaccionarían contra sus padres y se identificarían con los Stones como locos.
Efectivamente: motín a bordo, el secreto de Oldham.

Mientras suena ese estruendoso beat siguen desfilando estrellas, estrellados, mánagers, mercachifles, impostores, fans enloquecidos. Vemos el pop como mero entretenimiento, como negocio, como montaje publicitario... El pop, finalmente...

...nada excepcional; siempre sencillo, tonto, vulgar y falso; sobre todo un sonido. (...) Cuando empezó yo tenía 10 años, ahora tengo veinticinco y ha dominado mi vida. Siempre me ha rodeado, me ha formado y me ha dado mis héroes, ha construido mis mitos. Casi ha vivido por mí. Seis horas de tonterías sin valor alguno y, sin embargo, ha significado para mí más que cualquier otra cosa.
Lo verdaderamente excepcional en 1968 era hacer periodismo sobre música rock y más excepcional es aún la vigencia de un relato como el de Awopbop. Era algo que ya intuía el propio autor en una entrevista realizada en 1973, cuando, en un raro alarde de objetividad dijo: "There is only one decent book that has ever been written on pop, and that's Awopbopaloobop Alopbamboom". Podremos preguntarnos qué habrá sido de la abuela de Cohn, pero también si su afirmación, que anticipaba en unos cuantos años la de Greil Marcus, se ha visto desmentida. Es posible que haya mejores libros sobre la historia del pop, pero como Awopbop seguro que no hay ninguno.

domingo, 29 de marzo de 2009

La Música del Siglo XX


La Música del Siglo XX
Diego Fischerman
Paidós. Buenos Aires, 1998


Al hilo de la entrada anterior se me ocurrió rescatar un libro que puede servir como introducción o complemento al tema desarrollado en el Curso de Cultura Musical que se está celebrando en el MACUF.

¿Qué es la música contemporánea? Con el pretexto de contestar a esta pregunta formulada a Luigi Nono en una conferencia, el músico y escritor argentino Diego Fischerman se ocupa en cartografiar musicalmente el siglo XX.

Consciente de la complejidad de la tarea, el autor busca un marco común a partir del cual explicar la diversidad de propuestas musicales de los últimos cien años y lo encuentra en su carácter problemático: la música del siglo XX experimenta la necesidad de preguntarse, antes de existir, acerca de su estética; la respuesta es la propia obra.

Esta particularidad, que supone la búsqueda de nuevos principios constructivos a partir de un diálogo con la música del pasado, comportará el protagonismo de nuevas variables sonoras y el desarrollo de un nuevo discurso.

Fischerman comienza explicando la adopción de modelos escalares previos a la tonalidad funcional en Satie y de recursos compositivos no dependientes de las relaciones acórdicas en Debussy como modos de escapar a la direccionalidad tonal. A continuación trata la evolución de Schoenberg desde el hipercromatismo de inspiración wagneriana a un racionalismo inspirado en Brahms.

Estos tres compositores reaccionaron de diferente forma frente al principio rector del sistema tonal: el juego alrededor de la modulación armónica. De este modo, estableciendo un diálogo con el pasado, los principales elementos constructivos del discurso musical eran desplazados a un segundo plano, dejando su lugar a otros como el timbre, el color o el ritmo.

De un modo similar, desde el dodecafonismo de la Segunda Escuela de Viena hasta los minimalistas, pasando por el formalismo de Stravinsky, Varèse como precursor de la electroacústica, la música concreta, el neomedievalismo y otras corrientes musicales, Fischerman va explicando de manera concisa y didáctica lo que dejó tras de sí el siglo XX.

Concluye el libro con una postdata en la que el autor habla de la preponderancia del valor estético de la obra musical sobre el histórico. Fischerman destaca el caso de determinadas creaciones de compositores norteamericanos, cuyo interés radica en lo que tienen de reflexión sobre la naturaleza del arte, siendo obras musicales no para ser escuchadas si no "contadas" – se cita como ejemplo 4'33'' de John Cage -.

Pero si bien la importancia estética de gran parte de las obras tratadas en el libro es sólo relativa, en conjunto acabaron por provocar un cambio de gran trascendencia al hacer necesario un tipo de oyente nuevo.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Juan Eusebio Nieremberg y las razones de la música



Oculta filosofía. Razones de la música en el hombre y la naturaleza.
Juan Eusebio Nieremberg
Edición y prólogo de Ramón Andrés
El Acantilado. Barcelona, 2004

Sistema para el engorde del ganado, remedio para la picadura de la tarántula, modo de aplacar las pasiones o antídoto contra la destemplanza y hasta el apetito sexual, Juan Eusebio Nieremberg (1595 - 1658) aglutina en este libro una extravagante variedad de usos para la música en su faceta más pedestre. En contraste, este jesuita madrileño alude también al carácter transmundano que adquiere cuando es adscrita a la institución divina del orden universal, junto a la aritmética y la geometría. De este modo, Nieremberg responde al clásico modelo de tratadista erudito que, a fuerza de citar autoridades va exponiendo toda una plétora de efectos musicales, tanto en el ámbito de lo animado - hombres e "irracionales" - como en de lo inanimado, sin olvidar la habitual consideración de la música como "concierto del mundo", es decir, como armonía universal.

Relación de hechos pintorescos y supersticiosos aparte, los trece capítulos de Curiosa y Oculta Filosofía compilados en este opúsculo son una buena y breve introducción a la tratadística musical centrada en el ethos, teoría que cubre un largo período que va desde sus inicios griegos hasta la ilustración.

Tomo directamente del diccionario New Grove la definición de ethos:
El ethos sería entendido como un atributo no solamente de las personas sino también de los fenómenos musicales, que son en este sentido, considerados como vehículos para transmitir actitudes éticas, careciendo de cualquier tipo de naturaleza moral en si mismos.

Este atributo, propio tanto de la poesía como de la música, consistiría, pues, en la capacidad de "generar estados de ánimo" o de modificarlos.

Platón, por ejemplo, hablaba de la dimensión ''ethética'' de la música para referirse a su capacidad de influir sobre el carácter de quien la escucha; así, en uno de los diálogos de La República, Sócrates considera a la armonía lidia mixta como lastimera e impropia para varones y se refiere a su laxitud, cualidad que la invalida para ser ejecutada ante un público formado por guerreros.

En Oculta filosofía, la alusión al ethos modal se concreta en la cita de Casiodoro y sus quince tonos - diferencia o cantidad de todo el sistema armónico que se basa en la entonación o en el nivel de la voz -, de los que se citan los cinco principales - dórico, jónico, frigio, eólico y lidio -. De este modo Nieremberg se sitúa en una tradición cristiana que, a través de Casiodoro y su contemporáneo Boecio, se remonta a San Agustín y finalmente a Grecia, por su inspiración en las fuentes pitagóricas y platónicas.
Si bien existe un elemento común en las distintas exposiciones de la teoría del ethos - la antes aludida transmisión de actitudes - también es cierto que para los diferentes autores, sus causas y consecuencias no siempre coinciden.

Juan Eusebio Nieremberg explica en el capítulo XXII que los "espíritus del cuerpo" se alteran "conforme el modo y ley de los números y tonos músicos". Es en el caso de los hombres donde se muestra más "conciso" y ortodoxo, adjudicando, por ejemplo, propiedades "terapéuticas" a los diferentes modos musicales, cuyo efecto dependerá de la naturaleza de cada cual.

"Los espíritus del corazón se excitan por el sonido de fuera", y lo hacen en virtud de la recepción en su pecho del aire "trémulo y ondeado": es ésta una explicación que adopta un cariz empírico y que Nieremberg cita junto a la pitagórica que postula una semejanza entre el alma y el sonido.

La respuesta de los animales estará mucho más acotada: cada especie lo hará de una sola manera, sin que el autor dé más explicaciones.

Las plantas reaccionarán a la música siempre y cuando tengan sentido del oído o del tacto y, del mismo modo que en el caso de lo inanimado - capaz de percibir estímulos sonoros por la agitación del aire -, las explicaciones de Nieremberg se aproximan más a lo meramente físico.

En las relaciones que no aluden al hombre Nieremberg se muestra más pintoresco, sobre todo desde el punto de una tratadística musical cristiana que se había purgado de paganismo desde el bajo imperio, quedando prácticamente circunscrita a la teoría modal; ya en el prólogo del libro Ramón Andrés avisa del eclecticismo de Nieremberg y de que su heterodoxia le había costado más de una crítica.


Sin embargo el jesuita no andaba muy desencaminado en sus "desatinos". Aunque cree, como Aristóteles, que los animales no "perciben gusto con el canto", a través de Eliano nos recuerda que los árabes engordaban sus ganados con música. Hoy sabemos, por unos investigadores de la Universidad de Wisconsin, que la producción de leche aumenta en un 7.5% cuando estos animales se desenvuelven bajo el influjo de la música sinfónica.

En referencia al hombre, también pueden resultar extravagantes historias como la que cuenta citando a Escalígero, en la que "uno no podía detener las aguas" al escuchar el sonido de un arpa. En este último caso, y dado que se nos habla de un instrumento concreto, con sus características tímbricas, y no del efecto de un modo, podríamos decir que se trata de una explicación de carácter acústico. Un fenómeno similar explicaría las náuseas sufridas por parte del público durante los primeros treinta minutos de la película francesa "Irreversible", causadas por un ruido de fondo cuya frecuencia era de 28 Hz, es decir, prácticamente inaudible.

Sin abandonar el séptimo arte, escaso en esta película, en "La leyenda del DJ Frankie Wilde" el protagonista mantiene una relación táctil con la música, no porque su actividad neuronal sea similar a la de una planta, tal es el caso, sino a causa de la sordera producida por las condiciones en las que ha trabajado durante años y que sólo le permiten "percibir" el sonido a través de sus vibraciones o ante un espectrograma.

Al margen de lo entretenida que es la lectura de las extravagancias compiladas por Nieremberg, este pequeño libro sirve para entrar en contacto con una manera de concebir la música que, con diferencias de matiz, se extendió a lo largo de siglos y tuvo su origen en la escuela pitagórica, esa que, en palabras de Nietzsche, enuncia que sólo en las diferencias de proporción se fundamentan las distintas cualidades. Bajo la variedad de casos relatados por el autor subyace este principio general, origen de la ciencia en occidente.