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domingo, 3 de agosto de 2014

El genio


Si en la entrada anterior hacíamos referencia a la autoría divina de la música, ahora la haremos al genio y a su relación con el progreso. 

Es en el siglo XVIII cuando uno de los tópicos que más se discuten es el del desarrollo humano en distintas etapas, desde la barbarie a la civilización.

La figura del genio - persona dotada de un talento superior - se va perfilando también durante el XVIII y un siglo más tarde la encontraremos en la Enciclopedia Británica, ya vinculada a la idea de progreso de las artes.

No perdemos de vista a la divinidad, puesto que inicialmente "progreso" no es más que otra manera de llamar a la Providencia: es por la acción de Dios, y a través de determinados individuos, como llega el conocimiento a la humanidad. 

Finalmente la idea de progreso se entenderá como la secularización de la Providencia y a partir de entonces el genio responderá a la capacidad creadora del individuo, desvinculada de cualquier intervención divina.


jueves, 3 de julio de 2014

El Autor



Con algún periodo intermedio durante los siglos XV y XVI,  en el que la figura del compositor musical tuvo importancia, no fue hasta finales del siglo XVIII cuando ésta emergió con fuerza.

Ni siquiera la aparición de los derechos sobre la obra, que pudiera pensarse beneficiarían a su autor, sirvieron para cambiar las cosas: fue el editor el que tuvo inicialmente la sartén por el mango.

Lo que más llama la atención durante este periodo durante el cual el origen de la obra, y por tanto su autoría, va ganando importancia sobre su función, es que el compositor aparece como alguien que presenta un material tomado del acervo común, un acervo cuya autoría es divina. De este modo, el compositor no pasa de ser un mensajero entre Dios y el público. Son las musas - Dios - las que inspiran la obra y ésta «pertenece» al público.