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sábado, 2 de mayo de 2020

Progresa inadecuadamente



¿Y el progreso (en la música)? Escribe Chesterton:
Gran parte del prosaísmo de la historia se debe a la idea de progreso, pues la historia debe ser progreso invertido. Si las cosas se han ido haciendo siempre automáticamente cada vez más brillantes y mejores, entonces seguir la huella de las cosas hacia atrás es penetrar cada vez más no sólo en la oscuridad, sino también en el prosaísmo. Es pasar del oro al plomo y del plomo al barro; de las novedades bellas a las negaciones monótonas. Pero, en realidad, esas novedades bellas jamás han aparecido sino cuando fue negada a su vez esa teoría negativa del pasado. Han aparecido cuando la gente empezó a explotar la cantera de una civilización más antigua porque era más civilizada que su propia civilización. Eso es, evidentemente, lo que sucedió en el Renacimiento, pero sucedió también en muchos casos en que es menos evidente.
Gilbert K. Chesterton. El color de España y otros ensayos. Ediciones Espuela de Plata. Sevilla, 2009.

viernes, 15 de junio de 2018

Disonancias.

Denis Diderot


Él.— ¡Oh!, no temáis nada - me dijo -. El punto importante, la difícil cuestión de la que un buen padre debe ocuparse fundamentalmente no es proveer a su hijo de vicios que le enriquezcan, ridiculeces que lo hagan precioso a los ojos de los grandes; eso lo hace todo el mundo, si no sistemáticamente como yo, sí al menos con el ejemplo y la lección; sino indicarle la justa medida, el arte de esquivar la vergüenza, el deshonor y las leyes. Son disonancias en la armonía social que hay que saber localizar, prevenir y evitar. Nada es más aburrido que una sucesión de acordes perfectos. Es necesario algo que destaque, que desbarate el haz y que extienda los rayos.

Denis Diderot. El sobrino de Rameau. Ediciones Cátedra. Madrid, 1985.

viernes, 4 de mayo de 2018

La música.




Si la muerte 
en algo
se parece
al Réquiem
de Mozart,
embarcadme 
esta misma 
noche.
(Y si no,
tampoco importa.
Con que suene
bastará).

Roger Wolfe. Algo más épico sin duda. Editorial Renacimiento. Sevilla, 2017.

domingo, 25 de marzo de 2018

El alma de la Revolución


Los franceses de Marsella no habían tenido más que tres días de instrucción. Habían dejado el Mediterráneo en el momento culminante de un verano abrasador, su organización se la habían arreglado ellos mismos, ellos mismos habían elegido sus oficiales, ellos se habían impuesto la disciplina que observaban. Habían hecho 500 millas de camino, arrastrando cañones a una velocidad exactamente de 18 millas por día; se detuvieron en el puente al término de su avance, aún en formación, cantando todavía su canción, La marsellesa, y al pasar la lista no hubo nombre que quedara sin contestar... Su número, tan pequeño, les ha hecho parecer a algunos historiadores como insignificantes (o como una leyenda); para otros son un símbolo del poder militar que iba a saquear el palacio, mejor que símbolos del ataque mismo; pero eran más que todo esto: eran, como la tradición justamente se lo ha representado, la esencia de la fuerza que decidió el día crítico de la Revolución, lo mismo que su cántico era el alma de la Revolución misma.

Hilaire Belloc, María Antonieta. Ciudadela. Madrid, 2007.

Hilaire Belloc

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Música mundana.


Habiendo mirado estas cosas estupefacto, cuando me rehíce, dije: "¿Qué es esto?, ¿qué es este sonido tan grande y dulce que llena mis oídos?". "Este es - dijo- aquél que se produce por el impulso y movimiento de las propias esferas, descompuesto en intervalos desiguales, pero definidos regladamente en partes proporcionales y que, temperando lo agudo con lo grave, produce afablemente diversas consonancias. Pues, tan grandes movimientos no pueden ser incitados en silencio, y la naturaleza hace que los extremos de una parle suenen graves, de la otra parte en cambio agudos. Por cuya razón, aquella esfera estelífera más alta del cielo, cuya conversión es más rápida, se mueve con un sonido agudo y claro, en cambio, esta lunar e ínfima, con uno  muy grave. Pues la  tierra, la novena, permaneciendo inmóvil en un solo sitio, siempre está fija ocupando el  lugar medio del mundo. Mas aquellas ocho esferas, entre las  cuales la misma fuerza tienen dos, producen siete sonidos distintos en  intervalos, el cual número es casi el nudo de todas las  cosas. Hombres doctos, habiendo imitado esto  con  cuerdas y cantos, abrieron para sí el regreso a este lugar, así como otros que  de prestantes talentos cultivaron en la vida humana divinos estudios. Los oídos humanos llenos con este sonido ensordecieron; y ningún sentido está en vosotros más embotado, así como el pueblo que vive junto a ese lugar donde el Nilo se precipita desde altísimos montes a aquellas que se denominan Catadupta, debido a la magnitud del sonido carece del sentido auditivo.

Marco Tulio Cicerón. El sueño de Escipión. Trad. de Benedicto Chuaqui.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Proceso constituyente musical.


Hakim Bey


Después de finalizada la Primera Guerra Mundial, el poeta italiano Gabriele D'Annunzio y su ejército de Arditi tomaron la ciudad de Fiume, haciendo de ella un Estado soberano. Junto a Alceste de Ambris, D'Annunzio redactó una Constitución con la música como principio organizativo.

Así lo cuenta el inefable Hakim Bey en el libro T.A.Z*:

En un arrebato, D’Annunzio decidió declarar la independencia y comprobar por cuanto tiempo podría salirse con la suya. Junto a uno de sus amigos anarquistas escribió la Constitución, que declaraba la música como el fundamento central del Estado.  
(...) 
La fiesta nunca acababa. Cada mañana D’Annunzio leía poesía y manifiestos desde el balcón; cada noche un concierto, después fuegos artificiales. Esto constituía toda la actividad del gobierno.  
(...) 
Creo que si comparamos Fiume con los levantamientos de París en 1968 (también con las insurrecciones urbanas Italianas de los primeros setenta), al igual que con las comunas contraculturales Norteamericanas y sus influencias anarco-Nueva Izquierda, deberíamos percatamos de ciertas similitudes, tales como: la importancia de la teoría estética (los Situacionistas); también lo que podrían llamarse «economías pirata», vivir de los excedentes de la sobreproducción social —incluyendo la popularidad de coloridos uniformes militares— y el concepto de música como forma de cambio social revolucionario.

Los títulos LXIV y LXV de la Constitución referían el papel que la música iba a jugar en la Comuna libre de Fiume: 

MÚSICA 
LXIV. En la Regencia Italiana del Carnaro, la música es una institución social y religiosa. Cada mil o dos mil años renace del alma de un pueblo un himno inmortal. 
Un gran pueblo no es solamente el que crea un Dios a su imagen y semejanza, sino aquel que crea un himno para su Dios. 
Si cada renacimiento de un pueblo noble es un esfuerzo lírico, si cada sentimiento unánime y creador es una potencia lírica, si cada orden nuevo es un orden lírico en el sentido vigoroso e impetuoso de la palabra; la música, el lenguaje del ritual, tienen el poder, sobre todo lo demás, de exaltar el logro y la vida del hombre. 
¿No parece que la gran música anuncia cada vez a la multitud absorta y ansiosa el reino del espíritu? 
El reinado del espíritu humano no ha empezado todavía. 
“Cuando la materia operante sobre la materia pueda reemplazar la fuerza física de hombre, entonces el espíritu de hombre empezará a ver el alba de libertad”: dijo un hombre de Dalmacia de nuestro propio Adriático, el vidente ciego de Sebenico. 
Como el canto de gallo anuncia el alba, la música es el heraldo del despertar del alma. 
Mientras tanto, en los instrumentos del trabajo, de beneficio, y del deporte, en las máquinas ruidosas que, aún estas, caen en un ritmo poético, la música puede encontrar sus motivos y sus armonías. De sus pausas es formado el silencio de la décima Corporación. 

LXV. En cada comuna de la Regencia habrá una sociedad coral y una orquesta subvencionadas por el Estado. 
En la ciudad de Fiume, el Colegio de Ediles será comisionado para erigir una gran sala de conciertos con capacidad de al menos diez mil oyentes, equipada con gradas y un gra foso para el coro y la orquesta. 
Las grandes celebraciones coral y orquestales son "totalmente gratuitas" como de los padres de la Iglesia es dicho gracias de Dios. 
El gran orquestal y coral –las celebraciones serán enteramente libres— en el idioma de la Iglesia — un regalo de Dios. 

Arditi


* Hakim Bey. T.A.Z. Autonomedia. Nueva York, 1991.


sábado, 21 de octubre de 2017

Savage joy. Muerte y resurrección del rock V.


Uno de mis libros favoritos sobre música popular es Feel like going home. En él, Peter Guralnick da cuenta de sus entrevistas con pioneros del blues y del rock and roll: Muddy Waters, Robert Pete Williams, Charlie Rich, los capos de Sun y Chess records, etc. Es un viaje por carreteras sin asfaltar y cuyos hitos son figuras que viven en el limbo de la historia musical, aún en activo pero relegadas por la irrupción de un tiempo que ya no es el suyo, susceptibles de ser rescatadas por aquéllos que experimentan con angustia la inautenticidad del presente. 
Un Guralnick adolescente había asistido al primer sepelio del rock. Cuando comienza su periplo por los EEUU para hacer las entrevistas que incluirá en Feel like goin home ha transcurrido poco más de una década. En el epílogo el autor cierra contando su propia experiencia y de alguna manera nos devuelve la mirada de ese niño de catorce años que vive con intensidad la emoción liberada por el pequeño pick-up de su dormitorio. 
We had never been South before, and everything was strange to us. The language, the heat, the social customs, the Negro road gang that we saw in their striped convict’s suits somewhere in Virginia or North Carolina. The Festival itself, however, was the same old shuck. It was contrived, it was disorganized, and it was geared irremediably towards a white audience. So that most of the time the bluesmen were overshadowed by the very groups that had come to pay them homage (Canned Heat failed to show, but Johnny Winter appeared with twenty-two amplifiers and assorted equipment), and when they did get to play there was a musty flavour to it, as if the music had been embalmed and specially trotted out for this occasion. These were, in fact, many of the same problems which have plagued every blues “concert” I have attended since I first saw Lightnin’ Hopkins at Harvard twelve years ago: a stiff, unnatural atmosphere, an unbridgeable gulf between performer and audience, and a tendency to treat the blues as a kind of museum piece, to be pored over by scholars, to be admired perhaps but to be stifled at the same time by the press of formal attention. It was a depressing realization and one that left me on the whole with the feeling that even in its own backyard blues had ceased to be a living experience. 
Well, I no longer feel that’s true. Certainly blues is the property of an older generation whose days are just as certainly numbered. Then, too, there is little question that the sense of regional isolation which gave rock ’n’ roll as well as blues much of its original impetus is fast dying out, to be replaced by a form of cultural homogeneity which denies local differences or distinctions. All across the country the radio announcers have the same bland voice, and I couldn’t help thinking as I drove down to Memphis how different it must have been for Elvis or Johnny Cash or Carl Perkins, growing up listening to B.B. King and Howlin’ Wolf and Sonny Boy Williamson on the radio, seeing Muddy Waters and Junior Parker and Joe Hill Louis as popular artists of the day. It’s almost as if they were living in another world. And yet doing this book taught me that world still exists, and that despite the fierce assault of time upon it the music has an ongoing vitality.
Seeing Hound Dog Taylor at Florence’s a few blocks from the University of Chicago playing for a crowd that has no more idea of the existence of twentieth century comforts than it did before leaving Mississippi. Listening to Buddy Guy relaxed and singing for his own people in a way that was altogether different from any of the countless times I have seen him perform for white audiences. Couples dancing and life surging around the pounding relentless beat. Robert Pete Williams at home in rural Louisiana, playing his guitar for himself and his friends with a confidence and a sense of place that no frequenter of jazz festivals or blues concerts will ever sense. Charlie Rich singing from the depths of his soul for an audience of boosters and parvenus—native Memphians who want to make good in an ad agent’s world. The girl who selected “Dust My Broom” on the jukebox of one of the Chicago clubs and then sang along with lyrics that had been composed before she was born. The atmosphere of any one of the South Side joints where heads turn when you walk in not so much out of hostility as real curiosity that a white should venture into their sealed-off world. A man named Honey offers to buy you a drink, his girl wants to dance, and you look for the catch, you wait for the delayed explosion. There is none; it is just manifest good will, people are glad to see you somehow and after a while you, too, begin to feel part of a community that has been created almost as a shelter against the storm outside. 
All these glimpses add up to a picture which is not necessarily coherent but which puts me back in touch with the feeling that originally drew me to the music. It was, when I first heard it, an emotional experience which I could not deny. It expressed for me a sense of sharp release and a feeling of almost savage joy.

Peter Guralnick. Feel Like Going Home. Back Bay Books. Nueva York, 1999.

lunes, 16 de octubre de 2017

La rebelión de los horteras.


Aquilino Duque

Gracias a la rebelión de los horteras, iniciada por Elvis Presley y los Beatles, las gamberradas surrealistas llegarían a dejar de escandalizar a una sociedad que hacía suyo la suciedad, el mal gusto, el sadismo, el masoquismo y además tenía acceso en masa a los placeres prohibidos y los paraísos artificiales. Cuando los agitadores culturales de la Modernidad presentan sus espectáculos de "ruptura" y "provocación", no están más que provocando a los fantasmas de un pasado con el que rompieron en los años 60 y que, fantasmas y todo, responden a veces a la provocación de un modo surrealista, materializándose ante las urnas del presente.

Aquilino Duque, Crónicas anacrónicas. Ediciones Áltera. Barcelona, 2003.

sábado, 20 de mayo de 2017

Paris, 1922.

Maurice Sachs

Diversiones por doquier, se cenaba, se salía, se comía después del espectáculo, se hacía el amor. Los negros que tocaban en todas las orquestas daban unos gritos desgarradores, terribles, dulces lamentos y alaridos de niño; el jazz sacudía los cuerpos más enloquecidos y los más moderados y en cualquier barrio en el que uno se asomara por la noche a la ventana se podía ver que la luz roja de Montmartre llegaba hasta el cielo como un gran lupanar.

Maurice Sachs, El sabbat. Cabaret Voltaire. Madrid, 2015.


jueves, 4 de mayo de 2017

Enciclopedia «filípica» CIESA



El jazz echa a andar a principios de siglo XX, hijo del ragtime y el blues. Vive su momento álgido durante la época de las grandes bandas y el swing. A principios de la década de los cuarenta aparecen los primeros boppers y se pone respondón, pierde en popularidad al tiempo que se intelectualiza, por decir así.

En la segunda mitad de los sesenta trata de captar la atención de los seguidores del género que domina el mercado, el rock. El ejemplo más conocido es el Miles Davis de Bitches Brew (1970), piedra angular del jazz rock. Aunque se puede hablar de una jugada comercial, el cambio se viene fraguando desde que el curtido trompetista incorporara una serie de músicos jóvenes a su banda. Wayne Shorter, Herbie Hancock, Ron Carter, Tony Williams, Chick Corea y Dave Holland contribuirán a modelar un sonido que ya en Filles de Kilimanjaro (1968) incorpora instrumentos eléctricos. 
Tras el seísmo bop el movimiento de cromos será una constante en el santoral jazzístico. El más cercano en el tiempo es el propiciado por los Young Lions de Wynton Marsalis, que despojan de su aureola al último Davis, a su cuadrilla eléctrica y a cualquier ejecutante de lo que se dio en llamar free jazz, fusion o avant garde jazz. La pureza habrá que buscarla en corrientes como el bebop, el cool, el hard bop, el jazz modal y, por supuesto, el swing. Puede decirse que los re-boppers de Marsalis arrancaron las páginas finales del álbum, quedando a salvo prácticamente cuarenta años de historia.

Un poco antes de que Davis recorra Europa cortocircuitando el jazz, se publica en España la Enciclopedia Temática CIESA, dirigida por Laín Entralgo y José Maria Gallach. El duodécimo tomo se ocupa brevemente de la música jazz y presenta un santoral mucho menos concurrido que el de los wyntonitas, amén de ser una de las más feroces invectivas contra el bebop que servidor haya leído. Su perpetrador empieza con su santidad Mr. Charlie Parker y ya no para. Atención a las sorprendentes «guest stars» incluidas bajo el rótulo de verdadero jazz, se echa de menos a Charlie Rich, el más jazzístico de los músicos de Sun Records:



miércoles, 2 de noviembre de 2016

Sonidos primordiales


La guerra es uno de los ámbitos en que uno redescubre los sonidos primordiales; por ejemplo, el de la brisa, que va y viene vagando por los campos con pasos cada vez más ligeros, cada vez más apagados. No hay melodía más honda que ésta.

Ernst Jünger, Tempestades de acero.Tusquets. Barcelona, 2011.

jueves, 23 de junio de 2016

Querellas.


La melodía consiste en una cierta fluidez de los sonidos deslizantes y dulces, como la miel a la que debe su nombre. 

Joseph Joubert (1754-1824). Pensamientos. Edhasa, Barcelona. 1995.


Las canciones de Joao Gilberto y Antonio Carlos Jobim llegaron a América como un soplo de aire fresco. Su música vino en un momento en el que la anemia y la confusión estaban siendo visibles en nuestra música para cualquiera que supiera lo suficiente para interesarse. La desesperada moda de la innovacion se había extralimitado.

Stan Getz en las notas de contraportada del Lp Getz/Gilberto, 1963.


Aunque Joubert confunde la etimología de melos, palabra griega que significa "canto " o "música", deja clara su preferencia por los sonidos "melifluos". 

Las notas de Stan Getz, escritas en 1963, son una respuesta al free jazz de la época, estilo al que consideraba un callejón sin salida.

lunes, 21 de marzo de 2016

Muerte y resurrección del rock III



Y entonces el rock'n'roll murió. Se había terminado incluso antes de haber tenido la oportunidad de sonreír tímidamente y mirar alrededor. En su lugar vino un nuevo producto completamente sintético. Yo estaba tan sólo en noveno grado* cuando entramos en lo que entonces se llamó la era Filadelfia del rock. 
Peter Guralnick. Feel Like Going Home. Back Bay Books. Nueva York, 1999.

*Hacia 1957-8.

miércoles, 3 de junio de 2015

Educación





—¿No es por esta misma razón, mi querido Glaucón —dije yo—, la música la parte principal de la educación, porque insinuándose desde muy temprano en el alma, el ritmo y la armonía se apoderan de ella, y consiguen que la gracia y lo bello entren como un resultado necesario en ella, siempre que se dé esta parte de educación como conviene darla, puesto que sucede todo lo contrario cuando se la desatiende? Y también porque, educado un joven cual conviene, en la música, advertirá con la mayor exactitud lo que haya de imperfecto y de defectuoso en las obras de la naturaleza y del arte, y experimentará a su vista una impresión justa y penosa; alabará por la misma razón con entusiasmo la belleza que observe, le dará entrada en su alma, se alimentará con ella, y se hará, por este medio, excelente; mientras que en el caso opuesto mirará con desprecio y con una aversión natural lo indecoroso; y como esto sucederá desde la edad más tierna, antes de que le ilumine la luz de la razón, apenas haya ésta aparecido la verá venir con más alegría que nadie al reconocerla como algo familiar.
Platón. La República. 

miércoles, 3 de septiembre de 2014

El no sé qué de la música.


Tiene la música un sistema formado de varias reglas que miran como completo los profesores; de tal suerte, que en violando alguna de ellas, condenan la composición por defectuosa. Sin embargo se encuentra una, u otra composición, que falta a esta, o a aquella regla, y que agrada infinito aun en aquel pasaje donde falta a la regla. ¿En qué consiste esto? En que el sistema de reglas, que los músicos han admitido como completo, no es tal; antes muy incompleto, y diminuto. Pero esta imperfección del sistema sólo la comprehenden los compositores de alto numen, los cuales alcanzan, que se pueden dispensar aquellos preceptos en tales, o tales circunstancias, o hallan modo de circunstanciar la música de suerte, que, aun faltando a aquellos preceptos, sea sumamente armoniosa, y grata. Entretanto los compositores de clase inferior claman, que aquello es una herejía. Pero clamen lo que quisieren, que el juez supremo, y único de la música es el oído. Si la música agrada al oído, y agrada mucho, es buena, y bonísima; y siendo bonísima, no puede ser absolutamente contra las reglas, sino contra unas reglas limitadas, y mal entendidas. Dirán, que está contra arte; mas con todo tiene un no sé qué que la hace parecer bien. Y yo digo, que ese no sé qué no es otra cosa, que estar hecha según arte; pero según un arte superior al suyo: Cuando empezaron a introducirse las falsas* en la música, yo sé que, aun cubriéndolas oportunamente, clamaría la mayor parte de los compositores, que eran contra arte: hoy ya todos las consideran según arte; porque el arte, que antes estaba diminutísimo, se dilató con este descubrimiento. 

*Se trata de las llamadas falsas relaciones, es decir, de la posibilidad de que las alteraciones cromáticas sean introducidas y resueltas no melódicamente. Por ejemplo, las falsas relaciones de octava o las falsas relaciones de cuarta eccedente, que la música medieval consideraba las más temibles de las disonancias y las llamaba por esto "diabolus in música".

Benito Jerónimo Feijoo. Teatro crítico universal. Clásicos Castalia. Madrid, 1986.


sábado, 12 de abril de 2014

Sinfonía trágica


Mas si los ojos gozaban en la paz del crepúsculo, los oídos sufrían lo increíble con el tronar horrendo de las baterías. He aquí el distintivo esencial de las batallas modernas: no se ven, pero se dejan oír perfectamente. El sentido más apto para percibirlas no es el de la vista, sino el del oído. Si los combates antiguos fueron por excelencia un espectáculo plástico, los actuales son, por el contrario, un asombroso fenónomeno acústico. La pintura, la narración o la poesía son por completo impotentes para dar una idea de las batallas modernas. El único arte capaz de representarlas sería, en todo caso, la música.

Gaziel. En las trincheras. Diéresis, 2009.

lunes, 26 de agosto de 2013

Mr. Wilson & friends

"¿De verdad te gustan los Beatles? Se lo tengo que contar a mis amigos, no sabía que eran conocidos en España".

Brian Wilson entrevistado por Diego Alfredo Manrique.

lunes, 15 de abril de 2013

Hoy me siento punk, he dormido mal.

Si quieres a Boney M, tienes a Boney M. Y si no, le das la vuelta al póster, hop, ¡y tienes a los Sex Pistols, también en color!
Joaquín Luqui en un jingle de Los 40 Principales anunciando la revista Superpop. Citado por Francisco Casavella, ¿Qué hacías tú en el 77?, en Elevación, elegancia y entusiasmo. Barcelona, Galaxia Gutemberg/Círculo de lectores, 2009.

sábado, 14 de julio de 2012

Naturaleza y arte



Razonamiento de Don Quijote en conversación con el Caballero del Verde Gabán:
[...] porque, según es opinión verdadera, el poeta nace: quieren decir, que del vientre de su madre el poeta natural sale poeta; y con aquella inclinación que le dió el cielo, sin más estudio ni artificio, compone cosas que hace verdadero al que dijo: est Deus in nobis, etc. También digo que el natural poeta que se ayudare del arte será mucho mejor, y se aventajará al poeta que sólo por saber el arte quisiera serlo. La razón es, porque el arte no se aventaja a la naturaleza, sino perfecciónala; así que, mezcladas la naturaleza y el arte, y el arte con la naturaleza, sacarán un perfectísimo poeta.
M. de Cervantes. Don Quijote de la Mancha. Capítulo XVI de la segunda parte.

martes, 3 de julio de 2012

Sobre plutocizaciones y metrónomos



Estos días he estado escuchando una compilación de canciones grabadas en los Fame Studios de Muscle Shoals durante los años dorados del soul: Candi Staton, Aretha Franklin, Bobby Womack, Al Green, Johnny Jenkins y toda una larga lista de artistas que nutrieron los catálogos de sellos como Atlantic, Stax o Capricorn.

A ratos me dejaba llevar por las sinuosas melodías sincopadas; otras veces me fijaba en detalles - los cálidos arpegios de un Fender Rhodes, la línea del bajo, el sonido de la batería, los matices que distinguen la voz del intérprete,...- ; y otras en las letras, tratando de entender algo con mi rudimentario inglés. La mayor parte de ellas giran en torno al tópico de las relaciones interpersonales y en general, dentro de los parámetros de una canción de música pop, superan con creces el aprobado. Un ejemplo, You Don't Miss Your Water, de William Bell, quizás más conocida por la versión que The Byrds hicieron en su magnífico Sweetheart of the Rodeo:

In the beginning
You really loved me
I was too blind
I couldn't see

But now you've left me
Oh, how I cried
You don't miss your water
Your well run dry

I kept you crying
Sad and blue
I was a playboy
I wouldn't be true

But when you left me
And said bye-bye
I miss my water
My well ran dry

I sit and wonder
How can this be
I never thought
You'd ever leave me

But now you've left me
Oh, how I cried
You don't miss your water
Your well run dry

You don't miss your water
Your well run dry

You Don't Miss Your Water fue grabada en 1961. Algunos años después, en pleno desparrame funk, este tipo de relaciones parecían haberse vuelto algo más complejas, por decirlo de algún modo. 1978, Marvin Gaye, A Funky Space Reincarnation:

2073
2084
2093

Light years ahead
You and me gon be getting down
On a space bed
We gon get married in June
We gon be getting down on the moon
Light years, interplanetary funk
is gonna get down
Star Wars interplanetary funk
Still getting down

Music won't have no race
Only space, Peaceful space
There is time what a trip
Step inside my little ship
I can tell by your way
That you really wanna stay
In space, funky space
Peaceful space
Terrible place

Wait till I've been cool
Hey baby, let's get in the groove

Girl you look like somebody I met a long time ago
I know I haven't met you though but
Oooh you look like I haven't known you for a thousand years
God, just, mmm.. I don't know what's happening, y'know, but I
I'm really empowered but every time I be checking you out y'know, my
You give me some other reaction
But it seems to me that the reason we together here
is that we supposed to be together

Come on baby let's go peace loving
And check out this new smoke
No this thing I got
It ain't classified as dope
Smoke I got from Venus
Have had it all week
It's getting old
Come on and try this new thing with me, baby
It's too cold

Come on now, baby
Let's take off clean
Get in this here machine
And rocket rocket rocket rocket
Hey little baby
Let's magnetise
Magnet makes your love rise baby

Ooh sugar, let's get some more
Why do I feel like I been with you before
Shoot me good with the create gun
Shoot the people and lots of fun
Everybody created
Time and lots of fun
Let's move the party over to Star One

Alright everybody, we're moving now to come in for a landing here in Pluto
Now all of you who aren't groovay
Send you over to the Plutotarium to be Plutotized
Know that that you dig that
And the rest of the group, I know y'all gon' have a ball
But hey, little miss birdsong! Come here
You follow me

Come on baby come on down
Razzmattazz and all that jazz
Come on baby come on down
Let's razzmattazz and all that jazz
Let's plug ourselves in this machine in the ground
Let's touch each other and feel each other down
Let's razzmattazz and all that jazz
Say, we need to say what we mean
Plug our hearts into the, the real machine
Let's razzmattazz and all that jazz
Let's see if we play, babe
Happiness around
Let's touch each other
Let's feel each other's ass
Let's razzmattazz, all that jazz
Let's razzmattazz and all that jazz
Says yeah
Let's razzmattazz and all that jazz
Says yeah
Let's touch each other
Let's feel each other's ass
Let's razzmattazz, all that jazz

Stop
Well it's been a fantastic trip, baby
Y'all cut it out
Get another load of funky four
Funky four
Everybody get your hands together
We be right here on time
You better count down, Zac
You ready?

One, fun
Two, you
Three, me
Four, more
Five, no jive
Six, no tricks
Seven, we in heaven
Eight, everything is straight
Nine, fine
Ten, next week
We'll do it again


De la metáfora del pozo seco al hedonismo intergaláctico y las plutocizaciones en el Plutotarium (¡¿?!). Cuántas veces se habrá lamentado uno de no poder entender la letra de las canciones que escucha, para acabar, como en el relato de Truman Capote, llorando por las plegarias atendidas.

En su libro Diarios de bicicleta David Byrne da cuenta de una conversación mantenida en una situación que recuerda a aquellos chistes que comenzaban con un «van un inglés, un alemán y un...». Tras el intercambio de impresiones Byrne reflexiona sobre la relación casi deportiva que su interlocutor alemán tiene con la música - un amante del techno para el que discoteca y gimnasio son prácticamente intercambiables - y pasa a describir la suya del siguiente modo:

En mi caso, ¿para qué me sirve la música? Bueno, a mí también me gusta bailar con música, aunque los ritmos más sincopados - funk, latino, hip-hop, etcétera - me mueven más que el martilleo metronómico y repetitivo de la música house o techno. Creo que los ritmos sincopados "activan" simultáneamente diferentes partes del cuerpo (y de la mente) de otra manera, y que el placer que deriva de ese palimpsesto de ritmos actúa como una metáfora biológica: una metáfora y un reflejo de los ritmos y procesos sociales y orgánicos que nos hacen disfrutar. No creo que sea música ligada a un contexto específico. Puedo usarla para bailotear en mi estudio o para menear la cabeza en el metro, escuchándola en un iPod. La mayoría de las veces, cuando la escucho en lugar de bailar con ella, elijo música cantada, ya que encuentro que el arco de una melodía, combinado con armonías y pulsación rítmica, puede resultar increíblemente emocionante y envolvente. Esto es lo que llamamos canciones. A veces la letra ayuda también, pero muchas veces me tragaré una mala letra si el resto funciona.

A Funky Space Reincarnation es una de esas canciones. 


El texto de Byrne trata no sólo sobre diferentes niveles de escucha y usos musicales o sobre la relativa importancia de las letras de una canción, también muestra su preferencia por un tipo de música que no agota su potencial en lo rítmico, hasta el extremo de ir poco más allá de lo que pueda ofrecer un metrónomo.