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domingo, 4 de febrero de 2018

Ochéntame a bocajarro.

En la España de principios de los años ochenta, el jevi metal campeaba por sus fueros. Tras unos años de "rollo" con Paracelso y Cópula de helado, las bandas de rock duro tomaron por asalto el Festival de rock de la Villa de Madrid. Viendo que el público prefería la greña suelta al cardado se consideró necesario crear tres categorías - pop-rock, jazz-rock y rock duro - y dar así visibilidad a los modernos

El Coleta viaja en el tiempo y nos da su visión del asunto. Dentro vídeo.



lunes, 1 de abril de 2013

Los ochenta que duraron un milenio (y lo que te rondaré, morena).

Noticia de esta mañana en la web de El Mundo: «Cinco grupos históricos se juntan todos a una por primera vez para revivir la época de «la Movida».»

¿Por primera vez? Fuenteovejuna todos a una, ...¿cómo no se les había ocurrido?. No será por falta de precedentes: La década prodigiosa, Mágicos 60, ...

«La Movida» se parece cada vez más a un tumor (benigno, tampoco nos pasemos). A este paso sus límites temporales acabarán por incluir el Renacimiento, proyectándose en el futuro hasta donde la jugada empresarial de turno decida. 
Para redondear esta iniciativa sólo falta que los implicados bauticen la formación creada a la sazón como «Los Alcántara», dando el paso definitivo hacia un nepotismo musical que aseguraría la supervivencia de «la Movida» durante generaciones: hijos, nietos, bisnietos, tataranietos, etc., de una estirpe esplendorosa, o no tanto, que seguiría dando que hablar hasta que el cielo caiga sobre nuestras cabezas.

martes, 22 de noviembre de 2011

Debate en el día de la marmota



En nuestro particular día de la marmota tres intelectuales volvieron a analizar lo que fue La Movida: Thomas Hobbes, José Antonio Maravall y Tierno Galván. Los tres, como era de esperar, llegaron a conclusiones similares.
Hobbes se reafirmó en su idea de que «los súbditos deben a los soberanos simple obediencia en todas las cosas en que su obediencia no está en contradicción con las leyes divinas».
José Antonio Maravall habló nuevamente de la relación entre novedad y conservadurismo, estableciendo puentes con el Barroco: «Por eso el Barroco, para ser conservador, se declara muchas veces innovador. Había que aceptarlo así, precisamente para mejor controlar todo movimiento de esa última naturaleza, en su dirección y en sus límites. En esos terrenos en los que ni políticamente ni intelectualmente resultaba peligroso, había que dejar las puertas abiertas a la novedad, había que hacer mucho ruido en torno a ella para atraer la atención de las gentes y, en esos terrenos, había que extremarla para saciar el apetito de la misma: la irrupción de extravagancias en poesía, en literatura, en arte, etc., compensa de la privación de novedad en otras partes. Así pues, el virtuosismo de la novedad, característico del Barroco en los campos en los que aquélla no posee fuerza corrosiva, se explica por unas motivaciones sociales muy directas». 
Tierno hizo gala de su proverbial concisión limitándose a decir: «¡Roqueros: el que no esté colocado, que se coloque... y al loro!»