miércoles, 2 de mayo de 2012

Pólvora del Rey


En esta entrevista publicada en el magazine Jot Down, Diego A. Manrique opina sobre el panorama musical televisivo y nos advierte de que cuando se trata de dinero público lo mejor es apuntarse a la caza mayor:
¿Ves un poco deprimente el panorama musical televisivo? Apenas quedan programas de renombre sobre música, los conciertos de Radio 3 y ya…
Ya, pero bueno, forma parte del empequeñecimiento de la televisión pública y la falta de respeto. Por pura necesidad periodística deberían cubrir lo que está pasando en el país. Por ejemplo, uno de los tesoros de Televisión Española es el archivo. Cualquier documental que quieras hacer, cualquier elemento, lo tiene el archivo de TVE. Lo bueno de estar en Prado del Rey es que si eras un friki te dejaban hacer: había mucho margen. Con la entrada de las privadas cambia la mentalidad. En los 90 les hacía propuestas de programas musicales baratos y no me daba cuenta de lo errado que estaba: en un programa barato no se puede robar. No puedes colocar a tus amigos, amantes, a tu hijo. Hubiera sido más fácil vender un programa caro como hizo Miguel Bosé con Séptimo de Caballería. Tardé muchos años en darme cuenta.

viernes, 16 de marzo de 2012

Música doméstica

De repente, bajo la ducha, escucháis por la radio una vieja canción e incluso el cuerpo fatigado recupera la alegría y el confort. El milagro de la música ligera es su capacidad literalmente infinita de combinar letras y ritmos, de Cole Porter a Armando Manzanero. Es una forma musical predestinada a aterciopelarnos un instante de la existencia, vinculada a la textura de los afectos domésticos y de las nostalgias lícitas.
Valentí Puig. Cien días del milenio. Barcelona, Ediciones Península, 2001.

De la melodía al ritmo



Se podría decir que a partir de la pasada década de los ochenta la melodía va perdiendo peso por la creciente importancia de la imagen para la música pop, la de los videoclips para la imagen, la de las coreografías para los videoclips y la del ritmo para éstas. 
Esta caída se puede interpretar como degeneración si se adopta cierto punto de vista de la Academia - es decir, el ámbito de la, mal, llamada música "culta"- que privilegia armonía y melodía en detrimento de un ritmo que podría, incluso, inducir a la audiencia a bailar, contrafigura de la escucha estática y extática que propicia la música más excelsa, que es la que estimula (sólo) el intelecto
El caso es que los puestos altos de las listas de éxito están generalmente copados por canciones con melodías simples en las que el meollo está en el ritmo, pero ni siquiera un ritmo fluido, como el que pueda vincularse con determinadas músicas caribeñas, por poner un ejemplo, sino una rítmica casi marcial, a machamartillo, como la del exitoso reggaetón.
De Dionne Warwick hemos pasado a Rihanna, de Nino Bravo a Pitbull - salto éste similar al que hay entre el sapiens y el australopiteco en la escala evolutiva - y por el camino se han ido quedado los Augusto Algueró, Burt Bacharach, Holland & Dozier, Dan Penn, etc. y un modo de entender la música cuyo hipocentro estaba en las canciones

lunes, 13 de febrero de 2012

Música y ruido



Pero una vez inscrito en la estructura del ADN, el accidente singular, y como tal esencialmente imprevisible, va a ser mecánica y fielmente replicado y traducido, es decir, a la vez multiplicado y transpuesto a millones o a miles de millones de ejemplares. Sacado del reino del puro azar, entra en el de la necesidad, el de las certidumbres más implacables. Pues la selección opera a escala macroscópica, la del organismo.

Muchos espíritus distinguidos, aún hoy, parecen no poder aceptar ni incluso comprender que de una fuente de ruido la selección haya podido, ella sola, sacar todas las músicas de la biosfera. La selección opera, en efecto, con los productos del azar, y no puede alimentarse de otra forma; pero opera en un dominio de exigencias rigurosas del que el azar es desterrado. De estas exigencias, y no del azar, la evolución ha sacado sus orientaciones generalmente ascendentes, sus conquistas sucesivas, el despliegue ordenado del que parece darnos la imagen.
Jacques Monod. El azar y la necesidad. Barcelona, Tusquets, 1993.

martes, 22 de noviembre de 2011

Debate en el día de la marmota



En nuestro particular día de la marmota tres intelectuales volvieron a analizar lo que fue La Movida: Thomas Hobbes, José Antonio Maravall y Tierno Galván. Los tres, como era de esperar, llegaron a conclusiones similares.
Hobbes se reafirmó en su idea de que «los súbditos deben a los soberanos simple obediencia en todas las cosas en que su obediencia no está en contradicción con las leyes divinas».
José Antonio Maravall habló nuevamente de la relación entre novedad y conservadurismo, estableciendo puentes con el Barroco: «Por eso el Barroco, para ser conservador, se declara muchas veces innovador. Había que aceptarlo así, precisamente para mejor controlar todo movimiento de esa última naturaleza, en su dirección y en sus límites. En esos terrenos en los que ni políticamente ni intelectualmente resultaba peligroso, había que dejar las puertas abiertas a la novedad, había que hacer mucho ruido en torno a ella para atraer la atención de las gentes y, en esos terrenos, había que extremarla para saciar el apetito de la misma: la irrupción de extravagancias en poesía, en literatura, en arte, etc., compensa de la privación de novedad en otras partes. Así pues, el virtuosismo de la novedad, característico del Barroco en los campos en los que aquélla no posee fuerza corrosiva, se explica por unas motivaciones sociales muy directas». 
Tierno hizo gala de su proverbial concisión limitándose a decir: «¡Roqueros: el que no esté colocado, que se coloque... y al loro!»

lunes, 12 de septiembre de 2011

Tirios y troyanos




Y uno que pensaba que algo tan intrascendente como la cosa musical estaba al margen del tráfico de vísceras... Todo empezó hace unos meses con gresca por un cuestionario a Russian Red en la revista Marie Claire. A los pocos días, Amaral mostraban su cabreo por el "uso político" de una de sus canciones.

Del mismo modo que determinados hechos empiezan a reproducirse tras el pistoletazo de salida en prensa - se da la noticia de que una casa se desploma por aluminosis y de pronto edificios que aguantaban pacientemente hasta ese día empiezan a caerse por todo el país - creí que empezaríamos a ver músicos enzarzados en una noria de descalificaciones mutuas a causa de sus simpatías políticas, compadreando con las figuras que realmente generan interés en España: fútbolistas y famosos en general. Pero entonces llegaron Neri, Teddy & co. reclamando protagonismo: pasapalabra.

Lo del uso político consistió en Rubalcaba valiéndose de la enorme popularidad de Amaral para dar réplica a un diputado del Congreso, algo que molestó a los zaragozanos, que habían mostrado sus simpatías hacia los manifestantes de la Plaza de Sol, quienes a su vez habían hecho bandera de la desafección a los grandes partidos. Ni que decir tiene que en los medios hubo refriega entre cejudos y cejijuntos: unos alzaron el puño, otros la garrota y Standard & Poor's la prima de riesgo española.

El caso de Russian Red tiene más miga. Preguntada por sus afinidades políticas, Lourdes Hernández - es decir, RR - se decantó por la derecha. Entre los comentarios que suscitó su respuesta algunos apuntaron a la solidaridad entre ideario político y música, a saber: dedicarse a escribir "canciones bonitas", eso y nada más, es tarea propia de derechones. No sé si tal cosa ha de entenderse como que fuera del "compromiso político" sólo hay canciones "bonitas" - ¿comerciales? - que sería mejor no tener que escuchar, lo que vendría a ser una puesta al día de la doctrina Zhdánov (apellido del señor de la foto).

En cualquier caso, la idea de que el conservadurismo político y el musical van de la mano no resiste la prueba del algodón y ahí está el caso del revolucionario, musicalmente hablando, Stravinsky o el de esos músicos folk que en los sesenta incrustaban sus protestas en formas musicales tradicionales. Más madera: Lou Reed, It's a perfect day: ¿es una loa al conformismo?, ¿si lo fuera, sería algo reprochable?

Las reminiscencias inquisitoriales del caso Russian Red nos ponen en la senda de otro de los tópicos de la música pop, el de la limpieza de sangre, es decir, la "autenticidad". Volvemos con Amaral.





Yo te untaré mis obras con tocino
porque no me las muerdas, Gongorilla...


Quevedo


El
Heliogábal es un pequeño local situado en el barrio de Gràcia, en Barcelona. Pequeño pero matón: su programa de espectáculos cubre casi tres cuartas partes del año. El contenido - basicamente recitales de poesía y música - puede ser descrito, para que nos entendamos, como alternativo.

Hace un par de meses Amaral, una banda acostumbrada a los grandes escenarios, se presentaron
allí en lo que podría ser la imagen perfecta de la superación de la disyuntiva independiente/comercial, dejando ver que lo indie no es más que una pose y que el tránsito entre los dos ámbitos es posible en ambos sentidos. Musicalmente, por molesto que resulte, la distancia entre Quique González y Dani "Canto del loco" es muy corta, aunque suficiente para pasar de la indiferencia al sonrojo.

El caso de Amaral no es en absoluto una excepción, aunque sí destaca por tratarse de una de las bandas de mayor éxito en el pop español y porque su sensibilidad, lo dejan saber por activa y por pasiva, siempre ha estado muy próxima a la de las bandas de pop independiente. Así las cosas, la esquizofrenia de hacer canciones de top 40 pero querer desenvolverse con maneras indies deja de ser tal. Atravesar esa frontera puede ser beneficioso en términos de imagen y hasta terapéutico, si es que uno se siente culpable por tener éxito.

Uno de los ejemplos más claros del nuevo estatus de la música independiente apareció hace unas semanas en el suplemento cultural de un importante diario español. Un
anuncio a toda página del Ministerio de Economía, Innovación y Desarrollo de Portugal publicitaba un tour por el país a golpe de corchea indie, con parada y fonda en cuatro festivales celebrados a lo largo de los meses de julio y agosto.

Sin embargo, estos ejemplos contradicen a un tipo de ideología que sólo encuentra en ellos motivos para la indignación, como ocurrió con las protestas de parte de la audiencia del FIB por la inclusión en su programa de Julieta Venegas, artista cuyo mayor pecado es el de componer canciones de éxito o la querella contra Wilco por permitir que una de sus canciones apareciera en el anuncio de una conocida marca de coches.

Es la gran aporía del pop, un artículo de consumo al que en ocasiones se le pide ser más que una mercancía un contexto en el que tener una experiencia trascendental: Cristo echando a los mercaderes del Templo.

sábado, 21 de mayo de 2011

El arte ingenuo requiere ingenio


Una de las cosas que más nos gustan es el arte ingenuo, pero es también el estilo más difícil de captar: la razón de esto es que está precisamente entre lo noble y lo bajo; y está tan cerca de lo bajo que resulta muy difícil bordearlo sin caer allí.

Los músicos han reconocido que la música que se canta con mayor facilidad es la más difícil de componer: prueba segura de que nuestros placeres y el arte que nos los proporciona, se encuentran entre límites determinados.

Montesquieu. Ensayo sobre el gusto. Libros del zorzal. Buenos Aires, 2006.

viernes, 13 de mayo de 2011

Foggy Notion



Se prepara una base con batería austera e irresistibe bajo groovy; se le añaden dos guitarras: una rítmica encargada de aportar nervio y consistencia y una electrizante solista incorporando watios de fuzz por aquí y acullá; se remata el conjunto con una personalísima voz en estilo casi recitativo. Resultado: Foggy Notion, The Velvet Underground.
Esta canción formaba parte de un conjunto masters encontrados accidentalmente en los almacenes del sello Verve/MGM a principios de los ochenta. Su contenido había sido grabado entre febrero de 1968 y septiembre de 1969, justo cuando el departamento de A & R se disponía a darle boleto al grupo. Parte de las canciones se remozaron en un estudio y del total de las que se disponía se escogieron las diez que serían editadas en el disco VU.

El azar devolvió unas grabaciones que nunca formarán parte del canon de oro oficial de The Velvet Underground precisamente para que tal canon nos importe una higa y lo mandemos a paseo. VU puede ser un album para completistas, pero Foggy Notion, como I Can't Stand it, dista mucho de ser material de relleno. Es vibrante, hipnótica y tiene ese estruendoso beat del que hablaba Nik Cohn en Awopbopaloobop; es el epítome perfecto de lo que ha de ser el rock and roll y no podemos hacer otra cosa que felicitarnos por el hecho de que haya sobrevivido a los infortunios de la burocracia.

Gusta mucho vestir a The Velvet Underground con ropajes serios, valiéndose de John Cale como banderín de enganche para toda una plétora de nombres de la vanguardia musical contemporánea; que si Cornelius Cardew, que si Terry Riley, etc...Y está claro que sin el galés TVU hubiera sido algo distinto a lo que fue y su trascendencia menor. El canon Velvet requiere la formación canónica de la banda, se comprende, y más cuando se la interpreta como conjunción de lo académico y lo popular.

Foggy Notion reclama otras referencias, otros grandes nombres. La Monte Young sale por la puerta y Bo Diddley entra por la ventana. Aunque también se podría decir que permanece el minimalismo del primero en la batería de Maureen Tucker o en el hecho de que gran parte de la canción se sostenga en un solo acorde, justo cuando la rítmica no se ocupa en el clásico riff de doce compases. Ésta es una de las grandes virtudes de la canción, que algo tan clásico suene distinto.

Por cierto, en los créditos de la canción aparece un tal Weiss como co-autor: ¿será el taimado Hy Weiss de la entrada anterior?