martes, 24 de febrero de 2009

Pop para gente extraña


Bart Davenport + La Brigada

Festival IN-SOMNI'09
La [2] d'Apolo, Barcelona
20 de febrero, 20:30 h

La actuación de Bart Davenport en La [2], una sala de aforo mediano anexa a la legendaria Apolo de Barcelona, me sirvió para confirmar la solvencia de este artista californiano sobre el escenario. No es que albergara dudas al respecto, ya lo había podido comprobar en su aparición en Los Conciertos de Radio 3, de TVE, acompañado por un glamuroso saxofonista, pero me faltaba verlo en vivo, algo que deseaba hacía tiempo.

La tarde empezó con La Brigada, antes conocidos como The Light Brigade, un grupo de Vilanova i la Geltrú que tan pronto visita los soleados paisajes de la costa oeste norteamericana vía Laurel Canyon como se echa unas pintas con Ray Davies en Muswell Hill. Versátiles, con talento para las buenas melodías y gusto por el detalle, añaden a la clásica instrumentación de guitarra, bajo y batería, teclados y trompeta.

El cantante brigadista anunció, pasada la media hora de actuación, la incorporación de un sexto componente que les acompañaría en un par de temas. Esa incorporación no era otra que la del propio Bart Davenport, un tipo menudo y de expresión tan amable como vivaracha que había estado bailando y aplaudiendo de manera entusiasta las canciones de los de Vilanova, engrosando el escaso público inicial.

Tenían preparados dos hits. El primero fue Between Clark and Hilldale, de Love y el segundo Euphoria, del propio Davenport, canción con regusto stoniano que le permitió ejecutar con soltura todo su repertorio de movimientos de baile, destacando sus clásicos amagos twist.


Esta parte final de la actuación de La Brigada seguro que hizo despertar en más de uno el deseo de ver a Bart Davenport acompañado por una banda, ya que en sus continuas visitas a España - excepción hecha de The Loved Ones, su encarnación mod - siempre ha actuado como solista, o al menos así me consta.

Claro, en cuanto suenan los primeros acordes de guitarra acompañando su polivalente voz, lo de la banda pasa a un segundo plano. En La [2] ni siquiera necesitó respaldo instrumental para iniciarnos en su clase magistral de orfebrería pop. El recital comenzó a capella, con algo que sonaba a balada isabelina, y continuó con la retahila de magníficas canciones que forman el catálogo de Bart, siendo Palaces, su último disco, el principal protagonista.

Los momentos álgidos en cuanto a popularidad llegaron con A Young One, Clara y Jon Jon, en los que parte del respetuoso público - gente extraña de Barcelona, en palabras de Bart - sumó su voz, me incluyo, a los irresistibles estribillos entonados por este pequeño gran hombre. Tan irresistibles que lo cierto es que se hacía difícil no tener la sensación de estar viviendo por un momento en Hamelin, dispuestos a seguir al Bart-flautista cuando bajara del escenario y atravesando la sala continuara tocando en la calle, persuadidos de la verdad contenida en esa jubilosa afirmación que dió nombre a otro de los referentes del soft-rock de las dos últimas décadas, Papas Fritas: POP HAS FREED US.

El concierto se terminó en tres bises, pero pudo haberse prolongado el tiempo que a Bart le hubiera dado la gana. Ni la pareja de sesentañeros que tenía a mi lado con los ojos como platos, ni el arrebatado cantante de La Brigada, que se sabía prácticamente todas las letras del californiano, ni, por descontado, servidor, nos hubiéramos movido de allí hasta que hubiera agotado su repertorio; y creo que la mayor parte de los que se dieron cita en La [2] hubiera hecho lo mismo. ¿Quién dijo aquello de que "lo bueno, si breve, dos veces bueno?


Al margen del concierto, me gustaría llamar la atención sobre otras formaciones en las que Bart Davenport despliega su talento, creo que merecen la pena:

Honeycut, una originalísima banda de nervio electrónico y vocación bailonga que cuenta con el atractivo adicional de tener como teclista al gran RV Salters.

http://www.youtube.com/watch?v=ee98ZDZAVf8&NR=1

http://www.myspace.com/honeycutmusic

The Loved Ones, o Bart goes mod.

http://www.youtube.com/watch?v=Z-M-vMsSRII


Finalmente, los que se hayan quedado con ganas de saber cómo suena Bart Davenport en directo con banda de acompañamiento pueden recurrir a la descarga de las canciones alojadas en esta web:


http://daytrotter.com/article/1595/bart-davenport




La fotografía que encabeza esta entrada está tomada por Quique López, colaborador en el blog alterna2. Para ver más fotos de Bart o disfrutar del buen hacer de Quique clicar aquí.

lunes, 23 de febrero de 2009

Faustakraut pasta (IV)


Can’t get no satisfaction? All you need is Faust.

En el capítulo anterior de esta serie vinculé a los Beatles con Faust de una manera un tanto caprichosa, pero la verdad es que hubo un momento en el que sí se estableció una relación entre ambos, tan remota como significativa.


En Why don’t you eat carrots, corte de inicio de Clear, el primer disco de Faust, se escuchan, como tomadas de una emisión de radio y de forma sucesiva, un par de compases de I can’t get (no) satisfaction y otro par de All you need is love. En un breve lapso, la música de Beatles y Stones es sepultada por un par de arreones de feedback; a continuación suena una secuencia de notas de piano y, acto seguido algo que, a falta de una etiqueta más inspirada, se podría definir como pop cubista. El propósito de Faust quedaba establecido en este antílogo sonoro.

El periodista y productor Uwe Nettelbeck, animado por Kurt Enders, A & R de Polydor en Alemania, quién tenía la convicción de que existía un espacio para la nueva música alemana en la esfera del rock internacional, juntó a una serie de músicos en un estudio construido a la sazón en Wümme, una ciudad situada entre Hamburgo y Bremen.

En palabras del propio Nettelbeck:
La idea era no copiar nada de lo que estaba ocurriendo en la escena rock anglosajona – y funcionó. Faust me gustan más que The Beach Boys, The Velvet Underground o los primeros Mothers debido a que su música no es sólo un “producto industrial”.

"Ellos no son “profesionales” en ese sentido – sólo intentan ser ellos mismos y no hacer otra cosa que no sea su propia música. Siempre me ha gustado la idea de editar discos que careciesen de un acabado convencional en términos de producción pero con esa particular sensación de espontaneidad que echo de menos en el negocio. En otras palabras: los discos deberían sonar como bootlegs, como grabados por alguien que acudiera a un ensayo o una improvisación y posteriormente montase el resultado de modo incoherente.
Los dos insertos que abrían el primer corte del disco no eran, por tanto, una mera cita o algo casual, sino una concisa declaración de principios: superar el carácter mimético del grueso de los grupos alemanes contemporáneos. El primer paso consistía en darle la extremaunción al canon rock.

Nettelbeck eludía cualquier comparación estilística para poner el énfasis en el objetivo: mientras los tres grupos que menciona rendían "productos industriales", lo de Faust era concebido más como un work in progress para el que la edición de un disco no constituía tanto un fin como un hecho testimonial.


La prueba incontestable de esta afirmación es The Faust Tapes, un surtido de maniobras orquestales caseras editado en 1973 por Virgin al más que módico precio de cuarenta y nueve peniques – ese año se vendieron cincuenta mil copias; más tarde se supo que la jugada fue rentable para la compañía, aunque en su momento pareciera un suicidio económico -. Según cuenta Julian Cope en Krautrock Sampler, los chicos que formarán años después The Simple Minds se deshicieron de sus copias de The Faust Tapes arrojándolas desde el tejado de su apartamento, hecho que basta para acreditar la gran calidad del disco.


Continuando con las palabras de Nettelbeck, si bien es cierto que Faust no parecían muy interesados en el acabado de sus grabaciones, sí que hay influencias anglosajonas en su música, concretamente de los grupos a los que Nettelbeck hace alusión.

Ya destacamos la importancia de Stockhausen en la segunda entrega de Fastakraut Pasta. El músico alemán había estado trabajando en 1952 junto a Pierre Schaeffer, pionero de la música concreta cuya influencia en el ámbito del rock ya diera sus frutos en 1966, año de la edición de Freak Out, primer disco de The Mothers of Invention, el grupo del californiano Frank Zappa, un referente para los alemanes.

También la sombra de The Velvet Underground planea sobre Faust. Julian Cope insiste en la fascinación de éstos por Andy Warhol y la escena experimental neoyorkina. En 1972, Tony Conrad, el que fuera componente de The Dream Syndicate junto a John Cale y La Monte Young, se desplazó a Wümme para grabar Outside the Dream Syndicate junto a tres componentes de Faust. En Krautrock Sampler Zappa aparece citado junto a The Fugs como una de las influencias más notables en el underground germano de finales de los 60, si bien Cope muestra ciertas reservas hacia la música del primero.


En cuanto a los Beach Boys, Nettelbeck era fan suyo, o al menos eso afirmaba en el inserto de Clear;..., pero hay un mundo entre el sonido de los broncíneos chicos de la playa y el de los kraut freaks de la gélida Wümme, al menos hasta que Brian Wilson renunció a las giras para ejercer de Crusoe en su estudio, transmutando el pop pueril de sus primeras obras en gospel de retórica lisérgica.


Otras influencias podrían ser las de Roxy Music o bandas del sonido canterbury como The Soft Machine. En cualquier caso es bastante patente que Faust no estaban creando ex nihilo, pero eran tan singulares que casi lo parecía.


(En la foto se ve a Nettelbeck manipulando la consola junto a los componentes de Faust).

sábado, 7 de febrero de 2009

Bart Davenport

Bart Davenport

18 febreiro 20:00 h, Sala NASA, Santiago de Compostela.
19 febreiro 20:00 h, Casa de Arriba, Vigo.

Temos de visita por Galicia a un dos mellores compositores e intérpretes de música pop na actualidade: Bart Davenport.

O seu é un mosaico no que concorre case toda a serie de estilos musicais que floreceron durante as décadas dos sesenta e os setenta, refundidos con personalidade e actitude contemporánea: dende o sweet soul ao folk pasando polo rock psicodélico ou o pop máis intimista.

Lennon e McCartney, The Incredible String Band, Marcos Valle, The Hollies, o exquisito Homegrown de
Don Agrati, The Originals, Burt Bacharach, John Sebastian e mesmo os Stones resoan no repertorio deste músico californiano.

Acaba de editar Palaces, cuarto disco en solitario que continúa a liña dos seus anteriores traballos: xuntar doce cancións con categoría de single, algo prácticamente insólito hoxe en día.

Valéndose tanto dunha sensibilidade allea a estridencias, que atopa acomodo nas boas melodías, como da súa gran capacidade como intérprete, Barto recolleu o testigo dos grandes, convertíndose no indiscutible adaíl do POP. Temos a sorte de poder velo en directo, eu non o perdería.

Máis concertos en Madrid, Barcelona, Zaragoza e Valencia. Infórmate clicando aquí.

jueves, 15 de enero de 2009

Escuchado en 2008


Mis discos del año son casi siempre los mismos con algún añadido. En esta selección he puesto algunos de los que más escuché el año pasado y que, con alguna baja, engrosarán la lista de clásicos. Ahí van:


Niño Josele - Paz.
Encuentro entre la guitarra flamenca de Niño Josele y el jazz modal de Bill Evans. Quizás el disco que más he escuchado en 2008.

Monteverdi - Vespro della Beata Virgine.
Los albores de lo que se conoce como barroco musical. Música litúrgica para jubilar escuchando.

Oliver Nelson - The Blues & the Abstract Truth.
Un clásico en la senda del iniciático Kind of Blue de Miles Davis. Elegancia y sofisticación. Con Eric Dolphy.

The Original Sins - Big Soul.
Reencuentro con uno de mis discos favoritos en la década pasada. Farfisa, fuzz...ingredientes básicos del rock de garage que no faltan en esta banda tan singular a la vez. No es una novedad, pero hacía tantos años que no lo escuchaba que he decidido incluirlo en la lista.

Bill Callahan - Woke on a Whaleheart.
Callahan suena a Sisters/Lovers, Berlin y a veces hasta a Troubadour. "Diamond Dancer" es una de mis canciones del año.

Mr. Partridge - Take Away.
Andy Partridge recomponiendo a XTC en la segunda edad dorada del rock.

The Luke Toms - The Forever House.
Alguien decide salir a la palestra tras una dieta musical intensiva a base de Dexy's, Love, ELO, Bowie y Carusso.

Sir - Trapped In A World Of Make Believe.
En las antípodas de The Luke Toms.

John Tchicai Group - Timo's Message.
Free-jazz grabado en Suiza en los 80. "Hard-listening", la vía mística de la música.

Luciano Berio / Edison Denisov - Duetti per due violin / Sonata for two violins.
Una serie de piezas para practicar con el violín y una muestra de lo versátil que puede ser este instrumento.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Tsukiko Amakawa + Núcleo O.M.E.GA



Tsukiko Amakawa+ Núcleo O.M.E.GA
Sala NASA
San Lourenzo, 51-53 B, Santiago de Compostela
21:30 h. Entrada 5 €.

Hoxe día 3 de decembro, na sala NASA de Santiago de Compostela, terá lugar una nova sesión vibracional na que van participar músicos do colectivo de improvisación O.M.E.GA e a pianista Tsukiko Amakawa.

As Sesións Vibracionais consisten nunha serie discrecional de actuacións presentadas na NASA e que están centradas na música experimental, a improvisación libre ou conducida, etc..

Neste caso o Núcleo O.M.E.GA consta de dous músicos, o contrabaixista Pablo Pérez e o vibrafonista Carlos Castro, aos que se une a pianista xaponesa. Executarán pezas de maneira conxunta e a solo.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Zan Hoffman & Masters of the Ungentlemanly Art



La Casa Fantom +
Zan Hoffman's Masters of the Ungentlemanly Art +
The Black Gramola Conspiracy

Casa das Atochas, A Coruña
21 nov 2008, 20:30 h
Entrada 4

En 1982 Zan Hoffman descubrió la magia del sonido a través del micrófono de su walkman: la abracadabrante fórmula "pause + rec" le permitía, pertrechado con un rudimentario Panasonic, auscultar el multiverso sonoro oculto entre las cuatro paredes de su habitación. Al poco tiempo empezó a registrar las primeras expediciones sonoras por el entorno doméstico, las roomscapes, actividad que le llevaría a la creación del sello Zidsick, en 1984, un modo de intercambiar grabaciones originales con hometapers - gente que, como Hoffman, grababa su música en cinta de casete - de todo el mundo y aportar así su granito de arena a la "cassette culture".

Hagamos un poco de historia. Los últimos años de la década de los 70 vieron el apogeo de la cultura del "hazlo tú mismo" y el impulso de la ética de la autogestión. En el Reino Unido, The medium was the tedium, sencillo de Desperate Bicycles, se considera el hito de un periodo de febril autoedición que durará aproximadamente tres años, alcanzando un pico de más de 800 sellos discográficos indies en 1980.

La contrapartida de la ética DIY - siglas para Do it yourself, hazlo tú mismo - fue el descenso exponencial en la calidad musical de las grabaciones y la saturación del "mercado" por sobreabundancia de artistas, un caso de muerte por éxito. La situación de incertidumbre hacía que los grupos se lo pensaran dos veces antes de invertir los ahorros en la grabación de un disco cuyas posibilidades de hallar destinatario eran más que remotas. Se presentó así la ocasión para la cinta de casete, un medio mucho más económico para editar - ya se disponía de grabadoras de 4 pistas a precios asequibles - y que además permitía el contacto directo vía correos con un público que podía encontrar en el mercado reproductores de casete a precios también populares. Era un nada desdeñable paso adelante en la lucha contra los intermediarios en el negocio musical desde que, con el punk, se desatara la guerra a las multinacionales: el cambio de paradigma en la recepción y distribución musical estaba servido.

Por un lado, esta floreciente cultura del casete fue inmediatamente captada por la industria, que pretendía canalizar el potencial torrente de creatividad y dinero que manaba del post-punk. Por otro, cientos de grabaciones de artistas irrecuperables para el mainstream continuaron circulando a través de las oficinas de correos de todo el mundo, y lo harían hasta solaparse con la llegada de los formatos digitales. El interregno de la cinta magnética duraría aproximadamente cinco años, entre 1979 y 1984, pero algunos de sus instigadores se mantuvieron en activo hasta el presente. Tal es el caso de Zan Hoffman.

En la cultura del casete, además del contenido importaba el continente; el diseño de la portada o la confección del empaquetado permitían incorporar técnicas que los artistas vinculados a movimientos post-Fluxus acostumbraban a usar. De este modo la interacción entre los que se movían en el ámbito del mail art, la poesía visual, el copy art o el stamp art y los hometapers era bastante habitual.

Zan Hoffman cambiaba arte por correo antes de saber que existían redes de distribución de casetes. A través de la sección Castenettes del mítico fanzine Op Magazine, en la que se reseñaban cintas caseras, entró en contacto con personas que intercambiaban su música en este formato. Compiló sus grabaciones bajo el título de The Subtle Art of Puddle Pushing, a cargo de los Zanstones, y comenzó su andadura en el mundo de la cassette culture.
*

La música de Zan conserva el carácter especulativo y lúdico de sus primeras roomscapes. El modo de trabajar iterativo asociado a los proyectos desarrollados en colaboración se vale de la reinterpretación sucesiva del material de partida, por lo que técnicas como el reciclado, el collage o cualquier otro tipo de intervención sobre un material dado son recursos habituales en este prolífico músico.

Masters of the Ungentlemanly Art y Here Be Monsters son algunos de los nombres para sus trabajos colaborativos. Como Zanstones presenta en directo material grabado previamente en la ciudad que le acoge y desde 1993, con el alias de Bodycocktail, sus ocurrencias proto-new wave-desquiciado en torno a un teclado/sampler Ensonic Mirage.

Compartir espacio con Zan Hoffman es celebrar más de 25 años de actividad musical errática y marginal - en el buen sentido -, compulsiva, lúdica, asociativa y cientos de cosas más. Una cita ineludible.

Casa das Atochas
Atocha alta, 14
A Coruña

Z. H. estará además en:

20 nov 2008 21:00 - A cova dos ratos, Vigo
22 nov 2008 20:00 - Estarlux, Ferrol

El cartel que encabeza esta entrada es obra de Sergi S. Massó.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Juan Eusebio Nieremberg y las razones de la música



Oculta filosofía. Razones de la música en el hombre y la naturaleza.
Juan Eusebio Nieremberg
Edición y prólogo de Ramón Andrés
El Acantilado. Barcelona, 2004

Sistema para el engorde del ganado, remedio para la picadura de la tarántula, modo de aplacar las pasiones o antídoto contra la destemplanza y hasta el apetito sexual, Juan Eusebio Nieremberg (1595 - 1658) aglutina en este libro una extravagante variedad de usos para la música en su faceta más pedestre. En contraste, este jesuita madrileño alude también al carácter transmundano que adquiere cuando es adscrita a la institución divina del orden universal, junto a la aritmética y la geometría. De este modo, Nieremberg responde al clásico modelo de tratadista erudito que, a fuerza de citar autoridades va exponiendo toda una plétora de efectos musicales, tanto en el ámbito de lo animado - hombres e "irracionales" - como en de lo inanimado, sin olvidar la habitual consideración de la música como "concierto del mundo", es decir, como armonía universal.

Relación de hechos pintorescos y supersticiosos aparte, los trece capítulos de Curiosa y Oculta Filosofía compilados en este opúsculo son una buena y breve introducción a la tratadística musical centrada en el ethos, teoría que cubre un largo período que va desde sus inicios griegos hasta la ilustración.

Tomo directamente del diccionario New Grove la definición de ethos:
El ethos sería entendido como un atributo no solamente de las personas sino también de los fenómenos musicales, que son en este sentido, considerados como vehículos para transmitir actitudes éticas, careciendo de cualquier tipo de naturaleza moral en si mismos.

Este atributo, propio tanto de la poesía como de la música, consistiría, pues, en la capacidad de "generar estados de ánimo" o de modificarlos.

Platón, por ejemplo, hablaba de la dimensión ''ethética'' de la música para referirse a su capacidad de influir sobre el carácter de quien la escucha; así, en uno de los diálogos de La República, Sócrates considera a la armonía lidia mixta como lastimera e impropia para varones y se refiere a su laxitud, cualidad que la invalida para ser ejecutada ante un público formado por guerreros.

En Oculta filosofía, la alusión al ethos modal se concreta en la cita de Casiodoro y sus quince tonos - diferencia o cantidad de todo el sistema armónico que se basa en la entonación o en el nivel de la voz -, de los que se citan los cinco principales - dórico, jónico, frigio, eólico y lidio -. De este modo Nieremberg se sitúa en una tradición cristiana que, a través de Casiodoro y su contemporáneo Boecio, se remonta a San Agustín y finalmente a Grecia, por su inspiración en las fuentes pitagóricas y platónicas.
Si bien existe un elemento común en las distintas exposiciones de la teoría del ethos - la antes aludida transmisión de actitudes - también es cierto que para los diferentes autores, sus causas y consecuencias no siempre coinciden.

Juan Eusebio Nieremberg explica en el capítulo XXII que los "espíritus del cuerpo" se alteran "conforme el modo y ley de los números y tonos músicos". Es en el caso de los hombres donde se muestra más "conciso" y ortodoxo, adjudicando, por ejemplo, propiedades "terapéuticas" a los diferentes modos musicales, cuyo efecto dependerá de la naturaleza de cada cual.

"Los espíritus del corazón se excitan por el sonido de fuera", y lo hacen en virtud de la recepción en su pecho del aire "trémulo y ondeado": es ésta una explicación que adopta un cariz empírico y que Nieremberg cita junto a la pitagórica que postula una semejanza entre el alma y el sonido.

La respuesta de los animales estará mucho más acotada: cada especie lo hará de una sola manera, sin que el autor dé más explicaciones.

Las plantas reaccionarán a la música siempre y cuando tengan sentido del oído o del tacto y, del mismo modo que en el caso de lo inanimado - capaz de percibir estímulos sonoros por la agitación del aire -, las explicaciones de Nieremberg se aproximan más a lo meramente físico.

En las relaciones que no aluden al hombre Nieremberg se muestra más pintoresco, sobre todo desde el punto de una tratadística musical cristiana que se había purgado de paganismo desde el bajo imperio, quedando prácticamente circunscrita a la teoría modal; ya en el prólogo del libro Ramón Andrés avisa del eclecticismo de Nieremberg y de que su heterodoxia le había costado más de una crítica.


Sin embargo el jesuita no andaba muy desencaminado en sus "desatinos". Aunque cree, como Aristóteles, que los animales no "perciben gusto con el canto", a través de Eliano nos recuerda que los árabes engordaban sus ganados con música. Hoy sabemos, por unos investigadores de la Universidad de Wisconsin, que la producción de leche aumenta en un 7.5% cuando estos animales se desenvuelven bajo el influjo de la música sinfónica.

En referencia al hombre, también pueden resultar extravagantes historias como la que cuenta citando a Escalígero, en la que "uno no podía detener las aguas" al escuchar el sonido de un arpa. En este último caso, y dado que se nos habla de un instrumento concreto, con sus características tímbricas, y no del efecto de un modo, podríamos decir que se trata de una explicación de carácter acústico. Un fenómeno similar explicaría las náuseas sufridas por parte del público durante los primeros treinta minutos de la película francesa "Irreversible", causadas por un ruido de fondo cuya frecuencia era de 28 Hz, es decir, prácticamente inaudible.

Sin abandonar el séptimo arte, escaso en esta película, en "La leyenda del DJ Frankie Wilde" el protagonista mantiene una relación táctil con la música, no porque su actividad neuronal sea similar a la de una planta, tal es el caso, sino a causa de la sordera producida por las condiciones en las que ha trabajado durante años y que sólo le permiten "percibir" el sonido a través de sus vibraciones o ante un espectrograma.

Al margen de lo entretenida que es la lectura de las extravagancias compiladas por Nieremberg, este pequeño libro sirve para entrar en contacto con una manera de concebir la música que, con diferencias de matiz, se extendió a lo largo de siglos y tuvo su origen en la escuela pitagórica, esa que, en palabras de Nietzsche, enuncia que sólo en las diferencias de proporción se fundamentan las distintas cualidades. Bajo la variedad de casos relatados por el autor subyace este principio general, origen de la ciencia en occidente.



jueves, 30 de octubre de 2008

Faustakraut pasta (III)



El Mcguffin
Aunque revolucionaria, la aportación de McCartney y – posteriormente – Lennon a la música pop se ajustaba a un formato musical “clásico”, en el sentido en que, en la mayoría de los casos, las innovaciones no afectaban al andamiaje de las canciones, sino que eran integradas de modo ornamental.
Tomorrow never knows, uno de los momentos más brillantes de Revolver, destaca por el novedoso ritmo marcado por la batería, mientras que el trabajo de tape loops, aunque original e innovador, no desempeña el papel preponderante que tiene en Baby, de Faust, por poner un ejemplo.

En su esfuerzo por desentenderse de la influencia anglosajona en su música, Faust soltaban lastre elevándose sobre cualquier preconcepto formal, aunque sin llegar al ensimismamiento que conduciría a muchos grupos a los excesos del art rock. Pero nadie es perfecto: cocinaron más de un tostonazo, quizás para recordarnos que estábamos en los años setenta y era muy difícil evitar un menú en el que algún plato no viniese sazonado con grandes dosis de (in)trascendencia.Los Beatles se valieron de las máquinas y la química para estimular su creatividad, mientras que en la forma de trabajar de Faust la propia tecnología adquiría el mayor de los protagonismos. Sin minimizar la importancia del factor humano, los alemanes dejaban espacio a la "creatividad" inherente a las máquinas, las cuales habían dejado de ser sólo un medio para hacer música. Esta característica queda refrendada por la "ausencia" escénica de los músicos: el protagonismo era para sus misteriosas "cajas negras”.

En ambos casos el papel de los tape op e ingenieros fue fundamental. Los Beatles usaron en Revolver artilugios como el Artificial Double Tracking, diseñado por el ingeniero de los estudios Abbey Road Ken Townsend, con el fin de doblar voces en tiempo real; el altavoz Leslie, con el que se procesó la voz de Lennon en Tomorrow Never Knows o los propios tape loops, resultado de quitar la cabeza borradora a una grabadora de cinta.

Faust no contaban con el nutrido equipo de técnicos de EMI, pero la Deutsche Grammophon les proporcionó material de sonido y al ingeniero Kurt Graupner, responsable de la construcción de unas cajas de plexiglás negro, diseñadas por Joachim Irmler, que permitían conmutar diferentes efectos sonoros como eco, fuzz, distorsión o wha-wha.

¿Y esa mención al dopaje de Los Fab Four hecha dos párrafos más arriba? ¿Es que los alemanes sólo llevaban té y pastas al estudio? Negativo. Baste decir que Kurt Graupner afirmaba estar continuamente colocado a causa de la atmósfera que se respiraba en la granja de Wümme. Cansado de la situación optó por colar el bulo de que los cabezales de la grabadora podían verse afectados por la alta toxicidad del ambiente. La sucesión de anécdotas de este tipo hicieron de la vida en la granja algo que recuerda bastante a las alucinadas sesiones de grabación de Trout Mask Replica, comandadas por un desaforado Captain Beefheart. Aunque sé que este tipo de cotilleos no suelen interesar a nadie es posible que volvamos con ellos en próximas entregas...De momento nos quedamos con la importancia que las sustancias psicoactivas, además de la dotación tecnológica, tuvieron para ambos grupos.
Mientras los alemanes hacían tabula rasa, los Beatles, sin embargo, incorporaban cualquier hallazgo sonoro a su bagaje musical, en clara mutación desde Rubber Soul. Para Faust la música había de ser depurada, mientras que para los de Liverpool ampliada; pero ambos tenían en común el recurso a la experimentación, palabra que en cierto sentido es más apropiada para describir el trabajo de los ingleses, debido a la mayor cantidad de restricciones de las que partían.

Escuchar Sgt. Pepper’s lonely hearts club band supone asistir a la puesta de largo de la música pop. A su lado, algo como 71 Minutes of... o The Faust Tapes aparece como un abigarrado conjunto de desvaríos sonoros gestados en los límites de lo popularmente tolerable.

En esta postiza comparación entre Beatles y Faust, un simple Mcguffin para observar de cerca algunos aspectos de dos de mis grupos favoritos, paso por alto no sólo la diferencia del contexto en que cada uno hizo su música, sino el lapso de más de seis años que separa Revolver de las primeras grabaciones incluídas en 71 Minutes of..., una eternidad en la meteórica carrera de la música pop; basta con tener en cuenta que entre She loves you y Tomorrow never knows hay menos de tres años de diferencia.

Sin embargo sí existe una relación diacrónica entre ambos. Los alemanes intentaron minimizar la presencia de lo anglosajón en su sonido, pero con ello no hacían más que afirmar su importancia. En este sentido se podría decir que sin los Beatles, Faust no hubieran existido, o de haberlo hecho, hubieran sido algo diferente a lo que fueron.