lunes, 18 de febrero de 2013

Tradición del ritual cristiano.


Egeria fue una monja peregrina de origen hispano, nacida con bastante probabilidad en la provincia de Gallaecia. Entre los años 381 y 384, aproximadamente, viajó a los Santos Lugares, experiencia que recogió en el denominado Itinerarium Egeriae, el primer estudio etnográfico centrado en la descripción de la liturgia cristiana. 

Es de interés la continua alusión a los salmos, himnos y antífonas que formaban parte del rito, si bien la autora no precisa sus particularidades. La ejecución de estos cantos parte de una fórmula sencilla, cercana al recitado, derivando en formas cuya complejidad dependerá tanto de la ocasión - calendario cristiano - en la que se interpreten como de la parte del ritual en el que se inserten - Ordinario o Propio de la Misa, por ejemplo -.

Con la introducción de los sistemas de notación, sobre todo a partir de los diastemáticos en el siglo IX, se entrará en una nueva etapa de vertiginosos cambios que comenzará con el uso de la polifonía - cuyo desarrollo es simultáneo en manifestaciones musicales profanas como la Rota de Reading - y desembocará en un siglo XVIII en el que estarán ya perfiladas la mayor parte de las formas musicales del llamado período de la práctica común.

Lo importante es destacar que en el momento del que da testimonio el Itinerarium de Egeria se están ya fraguando las formas musicales que serán soporte de toda una evolución que se prolongará durante quince siglos. De esas primitivas antífonas, ejecutadas, por ejemplo, en el Introito de la Misa se llegará a los introitos de las Misas barrocas de Palestrina y, más acá, a obras como la Missa Solemnis de Beethoven.

lunes, 28 de enero de 2013

El despreciador despreciado (y 2)


Volvamos al texto de Confidencias Pop:
« (…) el rock indie mira con enorme desprecio al hard, al punk o al garage, estilos de macarras por completo alejados de la sensibilidad que exige el arte. Sí, el esnobismo contemporáneo no es más que una versión cínica del clasismo.»
Sin abandonar este tipo de planteamientos psicologistas, se diría que el mismo desprecio podrían sentir los aficionados a esos estilos hacia el indie rock, ¿o es que hard, punk y garage son inmunes al esnobismo? Las divertidas diatribas que Tim Warren - dueño de Crypt Records - lanza desde las hojas interiores y las portadas de la serie recopilatoria Back from the grave contra todo atisbo de pretensión musical, constituyen un verdadero catecismo para connaiseurs de basura exquisita a lo Cramps. Crypt es un ejemplo de fenómeno de culto transversal en lo que a público se refiere - no parece necesario ser un macarra para comulgar con su ideario y coleccionar sus discos - y como tal en absoluto exento de esnobismo: nada más cool que escuchar a bandas de garage de Omaha o Huntsville. La imagen superior describe muy bien el credo de Warren: un zombi rocker de la edad de oro del rock and roll - del 55 al 66, según la lápida que está a su izquierda - sale de la tumba para enterrar todos los estilos musicales sobrevenidos desde entonces.  
De hecho, y como en un fractal, estas querellas con trasfondo esnob se dan entre la mayoría de estilos, como ocurriría al enfrentar a, por ejemplo, exquisitos coleccionistas de 60s garage beat americano con seguidores de bandas como Extremoduro o Eskorbuto. De igual modo, un seguidor de un tipo de metal muy rebuscado podrá verse en disposición de rechazar, por vulgares, corrientes como el hair metal, algo que, rizando el rizo, podrá ocurrir también entre seguidores de bandas pertenecientes a un mismo género.
Planteadas así las cosas - la música pop como disciplina que exige una actitud crítica - no creo que se pueda afirmar que esta característica sea algo que defina particularmente al rock indie, sea lo que esto sea: sería el rock, a secas, al que se le podría colgar este sambenito. 

Justo en el límite superior que establece Tim Warren, a partir del 66, cuando arranca el tsunami jipi que inundará de amor el verano del año siguiente, el rock  aspira al ascenso de categoría: quiere ser arte o, como diríamos ahora, «cultura». Hay indicios inequívocos: Lennon fascinado con la vanguardia neoyorquina vía Yoko Ono, Sgt. Pepper's, el art-rock, etc. Otro hecho más que significativo: Rolling Stone - la revista - ve la luz en 1967 buscando una ubicación cercana a la contracultura pero sin perder de vista el nuevo nicho de mercado. Los adolescentes que pasaban las tardes bebiendo zarzaparrilla al lado de un juke box, como en American Graffiti, se han convertido en jóvenes que toman ácido y leen a Marcuse. Así, en las páginas de Rolling Stone no va a ser difícil encontrar artículos ninguneando a los Camela de la época. Podría decirse que es justo a partir de este momento cuando se consolida la crítica rock, molde para una audiencia dispuesta a creer que participa de una experiencia sublime y no tanto de un pasatiempo - una polémica muy de actualidad por los rifirrafes entre la Hacienda Pública y los administradores de Cultura acerca de las fronteras entre entretenimiento y «cultura» -. Hasta la aparición de este tipo de publicaciones, el trato que se le da a la música pop es más parecido al de las secciones de «ecos de sociedad» de los diarios, en la línea de la revista española Superpop
En conclusión: si no he entendido mal, la propuesta de los columnistas supone desplazar la crítica musical desde el gusto personal - abono para esnobismos, etc., etc., - hacia criterios «objetivos» para así no obviar a los artistas de éxito, siendo necesario para lograrlo el tener como marco de referencia el género al que pertenece la obra. No es mala idea...Pero, incidiendo en lo dicho en la primera parte de este artículo: hay géneros que pueden sobrevivir perfectamente sin esta labor. ¿Necesita un fan de Camela chaparse un artículo similar a los que se estilan en Mojo para confirmar sus gustos o siquiera para descubrir a una nueva banda de flamenco-pop? Pues hasta el momento parece que no, y esto habla de la persistencia de un público que puede prescindir de coartadas intelectuales que le rediman de participar en esa experiencia supuestamente alienante, para usar un tipo de jerga también persistente, propia del pop de los teen idols, coartadas que están en la raíz de, al menos gran parte, la crítica rock.
A esta circunstancia habría que añadir además el hecho de que con internet la labor de los mediadores, la crítica en este caso, puede ponerse en gran medida entre paréntesis, eso si aún no han recibido ya la visita del zombi de Crypt Records, claro.

martes, 9 de octubre de 2012

Espazos sonoros.


Nestes días está tendo lugar unha nova edición do ciclo de obradoiros e concertos Espazos Sonoros. Pódese acceder á programación clicando eiquí.

sábado, 6 de octubre de 2012

¿Son todavía los Beatles más grandes que Jesuscristo?


Jesucristo (rojo) vs. The Beatles (azul). En el gráfico se compara el número de titulares en prensa digital desde 2004 hasta la actualidad. Fuente: google trends.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Greguería

«No hay que no querer venderse, hay que no saber»
Javier Krahe


miércoles, 12 de septiembre de 2012

domingo, 9 de septiembre de 2012

El despreciador despreciado (1)


Leo lo siguiente en una columna llamada Confidencias Pop de la web de El Confidencial: 
«En CT o la Cultura de la Transición (Ed. Debolsillo) el periodista Víctor Lenore escribe que "los madrileños Camela, rumba multiplatino, fueron ninguneados durante años por la prensa y por la industria seguramente porque sus discos reflejaban una España poco fashion, cool y europea". Camela serían, pues, un buen ejemplo de cómo la cultura más popular está siendo despreciada por los medios de masas.»
Sin embargo, allí dónde todavía sobrevivan espacios televisivos de «variedades», su audiencia tendrá una opinión distinta. Por ejemplo, en un programa de la televisión autonómica gallega como Luar, posiblemente uno de los cantantes más apreciados haya sido El Fary. Actualmente artistas como Camela o Pimpinela podrían liderar el ranking de número de apariciones, y es algo a tener en cuenta en un análisis como el del artículo citado, ya que se trata de un espacio que lleva veinte años en antena liderando la cota de pantalla de la noche de los viernes en Galicia, es decir, un auténtico fenómeno de masas.

Pero esto no es algo exclusivo de los canales autonómicos. Hace unos días vi una entrevista a Dioni - integrante de Camela - en el programa de María Teresa Campos, que podrá ser considerada cualquier cosa menos una presentadora que hace televisión para minorías. Más ejemplos: en medios masivos como la emisora Los 40, la presencia de artistas como Camela no creo que pueda ser considerada como testimonial; eso por no hablar de Radio Teletaxi - acabo de abrir su web y me topo con Estopa, El Barrio, Isabel Pantoja y Pablo Alborán –, cuyo festival homónimo, que se celebra hoy en Isla Fantasia de Vilassar de Mar (Barcelona) y que cuenta con la participación de Salvador Beltrán, Juan Magan, Los del Río, Rosa López, Merche, Joana Jimenez, Bustamante, India Martinez, Andy & Lucas, Melocos, El Arrebato, Pastora Soler y otros, viene batiendo desde hace años records de asistencia, con ediciones en las que se han llegado a reunir cerca de setecientas mil personas.

Sea o no más que una impresión sacada de mi experiencia como televidente y radioyente, creo que no se puede afirmar que artistas como los citados por Lenore y Hernández sean despreciados por los medios de masas. Lo son, sí, por medios especializados - medios que a su vez son ignorados por las masas -, pero es que no los necesitan para su supervivencia, a la vista está. 

(ir a la segunda parte)

jueves, 6 de septiembre de 2012

Cervantes y Palestrina. Elogio de la sencillez


En el capítulo XXVI de Don Quijote de La Mancha, ese en que los «titereros» presentan su retablo, Don Mariano aconseja al joven trujamán, «declarador de sus maravillas», no irse por las ramas en la exposición:
Muchacho, no te metas en dibujos, sino haz lo que este señor te manda, que será lo más acertado; sigue tu canto llano y no te metas en contrapuntos que suelen quebrar de sotiles.
Dice Adolfo Salazar en su estudio sobre la música en la obra de Cervantes que éste «no se interesa por sus grandes contemporáneos en el arte musical», y que «no muestra gusto ni inclinación en ninguno de sus escritos por adentrarse en las zonas de cierta elevación en la música de su siglo, que es, justamente, el siglo de oro de la música española.»1

Con todo, la admonición de Don Mariano – sentencia moral que pareciera tomada de las Meditaciones de Marco Aurelio -, podría ser eco de la polémica con respecto a la música que tuvo lugar durante el Concilio de Trento (1545 - 1563), cuando algunos obispos contrarreformistas insistieron en limitar el uso de la polifonía en la liturgia a fin de que el texto fuera inteligible.

«Según una leyenda que empezó a circular poco después de su muerte, Palestrina salvó a la polifonía de su condenación por el Concilio de Trento, al componer misa a seis voces de espíritu reverente, pero en la que no se ocultaba el significado de las palabras. La obra en cuestión fue la Misa del Papa Marcelo, publicada en 1576»2. Palestrina, por tanto, lejos de renunciar a la polifonía, lo que hizo fue reformarla dotando a sus obras de «una cualidad casi igual a la del canto gregoriano, influencia sin duda de los cantos llanos parafraseados a menudo en sus misas y motetes. Las frases melódicas del primer Agnus Dei de la Misa del Papa Marcelo, son características: frases de aliento amplio, rítmicamente variadas y fácilmente cantables, que trazan una curva natural y elegante. Las voces se desplazan por grados conjuntos, con pocas notas repetidas.»3

De este modo, la música de Palestrina podría considerarse una síntesis perfecta de esas dos técnicas que opone Cervantes por boca de Don Mariano y que será presentada en el siglo XVII como ideal del stile antico o prima prattica.


1. Adolfo Salazar. La música en Cervantes y otros ensayos. Madrid, Insula, 1961.

2 y 3. Donald J. Grout, Claude V. Palisca & J. Peter Burkholder. Historia de la música occidental. Madrid, Alianza Editorial, 2008.