lunes, 9 de julio de 2012

Underground


Ourit Ben-Haim es una artista afincada en Nueva York. Actualmente publica un blog con una serie de fotos llamada Underground New York Public Library - la librería pública del metro de NY -, en la que el único requisito para ser incluido es estar en el metro de la ciudad leyendo un libro. El resultado es muy vistoso, tanto por lo variopinto de las lecturas como de los lectores. 
¿Y qué tiene esto que ver con la música? Como era de esperar, algunas de las lecturas del metro neoyorquino tocan lo musical. Un viajero lee Love Goes to Buildings on Fire: Five Years in New York That Changed Music Forever, libro en el que Will Hermes relata la intensa actividad musical de la ciudad durante la segunda mitad de la década de los setenta, cuando convivían salsa, punk, no-new york, minimalismo, hip-hop, disco, free-jazz y otros estilos en un periodo sin parangón. Las referencias de Love Goes to Buildings on Fire conforman otro retrato, en este caso sonoro, de esa ciudad-mosaico y son el fondo musical idóneo para darse una vuelta por el blog de Ben-Haim.


martes, 3 de julio de 2012

Sobre plutocizaciones y metrónomos



Estos días he estado escuchando una compilación de canciones grabadas en los Fame Studios de Muscle Shoals durante los años dorados del soul: Candi Staton, Aretha Franklin, Bobby Womack, Al Green, Johnny Jenkins y toda una larga lista de artistas que nutrieron los catálogos de sellos como Atlantic, Stax o Capricorn.

A ratos me dejaba llevar por las sinuosas melodías sincopadas; otras veces me fijaba en detalles - los cálidos arpegios de un Fender Rhodes, la línea del bajo, el sonido de la batería, los matices que distinguen la voz del intérprete,...- ; y otras en las letras, tratando de entender algo con mi rudimentario inglés. La mayor parte de ellas giran en torno al tópico de las relaciones interpersonales y en general, dentro de los parámetros de una canción de música pop, superan con creces el aprobado. Un ejemplo, You Don't Miss Your Water, de William Bell, quizás más conocida por la versión que The Byrds hicieron en su magnífico Sweetheart of the Rodeo:

In the beginning
You really loved me
I was too blind
I couldn't see

But now you've left me
Oh, how I cried
You don't miss your water
Your well run dry

I kept you crying
Sad and blue
I was a playboy
I wouldn't be true

But when you left me
And said bye-bye
I miss my water
My well ran dry

I sit and wonder
How can this be
I never thought
You'd ever leave me

But now you've left me
Oh, how I cried
You don't miss your water
Your well run dry

You don't miss your water
Your well run dry

You Don't Miss Your Water fue grabada en 1961. Algunos años después, en pleno desparrame funk, este tipo de relaciones parecían haberse vuelto algo más complejas, por decirlo de algún modo. 1978, Marvin Gaye, A Funky Space Reincarnation:

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Light years ahead
You and me gon be getting down
On a space bed
We gon get married in June
We gon be getting down on the moon
Light years, interplanetary funk
is gonna get down
Star Wars interplanetary funk
Still getting down

Music won't have no race
Only space, Peaceful space
There is time what a trip
Step inside my little ship
I can tell by your way
That you really wanna stay
In space, funky space
Peaceful space
Terrible place

Wait till I've been cool
Hey baby, let's get in the groove

Girl you look like somebody I met a long time ago
I know I haven't met you though but
Oooh you look like I haven't known you for a thousand years
God, just, mmm.. I don't know what's happening, y'know, but I
I'm really empowered but every time I be checking you out y'know, my
You give me some other reaction
But it seems to me that the reason we together here
is that we supposed to be together

Come on baby let's go peace loving
And check out this new smoke
No this thing I got
It ain't classified as dope
Smoke I got from Venus
Have had it all week
It's getting old
Come on and try this new thing with me, baby
It's too cold

Come on now, baby
Let's take off clean
Get in this here machine
And rocket rocket rocket rocket
Hey little baby
Let's magnetise
Magnet makes your love rise baby

Ooh sugar, let's get some more
Why do I feel like I been with you before
Shoot me good with the create gun
Shoot the people and lots of fun
Everybody created
Time and lots of fun
Let's move the party over to Star One

Alright everybody, we're moving now to come in for a landing here in Pluto
Now all of you who aren't groovay
Send you over to the Plutotarium to be Plutotized
Know that that you dig that
And the rest of the group, I know y'all gon' have a ball
But hey, little miss birdsong! Come here
You follow me

Come on baby come on down
Razzmattazz and all that jazz
Come on baby come on down
Let's razzmattazz and all that jazz
Let's plug ourselves in this machine in the ground
Let's touch each other and feel each other down
Let's razzmattazz and all that jazz
Say, we need to say what we mean
Plug our hearts into the, the real machine
Let's razzmattazz and all that jazz
Let's see if we play, babe
Happiness around
Let's touch each other
Let's feel each other's ass
Let's razzmattazz, all that jazz
Let's razzmattazz and all that jazz
Says yeah
Let's razzmattazz and all that jazz
Says yeah
Let's touch each other
Let's feel each other's ass
Let's razzmattazz, all that jazz

Stop
Well it's been a fantastic trip, baby
Y'all cut it out
Get another load of funky four
Funky four
Everybody get your hands together
We be right here on time
You better count down, Zac
You ready?

One, fun
Two, you
Three, me
Four, more
Five, no jive
Six, no tricks
Seven, we in heaven
Eight, everything is straight
Nine, fine
Ten, next week
We'll do it again


De la metáfora del pozo seco al hedonismo intergaláctico y las plutocizaciones en el Plutotarium (¡¿?!). Cuántas veces se habrá lamentado uno de no poder entender la letra de las canciones que escucha, para acabar, como en el relato de Truman Capote, llorando por las plegarias atendidas.

En su libro Diarios de bicicleta David Byrne da cuenta de una conversación mantenida en una situación que recuerda a aquellos chistes que comenzaban con un «van un inglés, un alemán y un...». Tras el intercambio de impresiones Byrne reflexiona sobre la relación casi deportiva que su interlocutor alemán tiene con la música - un amante del techno para el que discoteca y gimnasio son prácticamente intercambiables - y pasa a describir la suya del siguiente modo:

En mi caso, ¿para qué me sirve la música? Bueno, a mí también me gusta bailar con música, aunque los ritmos más sincopados - funk, latino, hip-hop, etcétera - me mueven más que el martilleo metronómico y repetitivo de la música house o techno. Creo que los ritmos sincopados "activan" simultáneamente diferentes partes del cuerpo (y de la mente) de otra manera, y que el placer que deriva de ese palimpsesto de ritmos actúa como una metáfora biológica: una metáfora y un reflejo de los ritmos y procesos sociales y orgánicos que nos hacen disfrutar. No creo que sea música ligada a un contexto específico. Puedo usarla para bailotear en mi estudio o para menear la cabeza en el metro, escuchándola en un iPod. La mayoría de las veces, cuando la escucho en lugar de bailar con ella, elijo música cantada, ya que encuentro que el arco de una melodía, combinado con armonías y pulsación rítmica, puede resultar increíblemente emocionante y envolvente. Esto es lo que llamamos canciones. A veces la letra ayuda también, pero muchas veces me tragaré una mala letra si el resto funciona.

A Funky Space Reincarnation es una de esas canciones. 


El texto de Byrne trata no sólo sobre diferentes niveles de escucha y usos musicales o sobre la relativa importancia de las letras de una canción, también muestra su preferencia por un tipo de música que no agota su potencial en lo rítmico, hasta el extremo de ir poco más allá de lo que pueda ofrecer un metrónomo.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Pólvora del Rey


En esta entrevista publicada en el magazine Jot Down, Diego A. Manrique opina sobre el panorama musical televisivo y nos advierte de que cuando se trata de dinero público lo mejor es apuntarse a la caza mayor:
¿Ves un poco deprimente el panorama musical televisivo? Apenas quedan programas de renombre sobre música, los conciertos de Radio 3 y ya…
Ya, pero bueno, forma parte del empequeñecimiento de la televisión pública y la falta de respeto. Por pura necesidad periodística deberían cubrir lo que está pasando en el país. Por ejemplo, uno de los tesoros de Televisión Española es el archivo. Cualquier documental que quieras hacer, cualquier elemento, lo tiene el archivo de TVE. Lo bueno de estar en Prado del Rey es que si eras un friki te dejaban hacer: había mucho margen. Con la entrada de las privadas cambia la mentalidad. En los 90 les hacía propuestas de programas musicales baratos y no me daba cuenta de lo errado que estaba: en un programa barato no se puede robar. No puedes colocar a tus amigos, amantes, a tu hijo. Hubiera sido más fácil vender un programa caro como hizo Miguel Bosé con Séptimo de Caballería. Tardé muchos años en darme cuenta.

viernes, 16 de marzo de 2012

Música doméstica

De repente, bajo la ducha, escucháis por la radio una vieja canción e incluso el cuerpo fatigado recupera la alegría y el confort. El milagro de la música ligera es su capacidad literalmente infinita de combinar letras y ritmos, de Cole Porter a Armando Manzanero. Es una forma musical predestinada a aterciopelarnos un instante de la existencia, vinculada a la textura de los afectos domésticos y de las nostalgias lícitas.
Valentí Puig. Cien días del milenio. Barcelona, Ediciones Península, 2001.

De la melodía al ritmo



Se podría decir que a partir de la pasada década de los ochenta la melodía va perdiendo peso por la creciente importancia de la imagen para la música pop, la de los videoclips para la imagen, la de las coreografías para los videoclips y la del ritmo para éstas. 
Esta caída se puede interpretar como degeneración si se adopta cierto punto de vista de la Academia - es decir, el ámbito de la, mal, llamada música "culta"- que privilegia armonía y melodía en detrimento de un ritmo que podría, incluso, inducir a la audiencia a bailar, contrafigura de la escucha estática y extática que propicia la música más excelsa, que es la que estimula (sólo) el intelecto
El caso es que los puestos altos de las listas de éxito están generalmente copados por canciones con melodías simples en las que el meollo está en el ritmo, pero ni siquiera un ritmo fluido, como el que pueda vincularse con determinadas músicas caribeñas, por poner un ejemplo, sino una rítmica casi marcial, a machamartillo, como la del exitoso reggaetón.
De Dionne Warwick hemos pasado a Rihanna, de Nino Bravo a Pitbull - salto éste similar al que hay entre el sapiens y el australopiteco en la escala evolutiva - y por el camino se han ido quedado los Augusto Algueró, Burt Bacharach, Holland & Dozier, Dan Penn, etc. y un modo de entender la música cuyo hipocentro estaba en las canciones

lunes, 13 de febrero de 2012

Música y ruido



Pero una vez inscrito en la estructura del ADN, el accidente singular, y como tal esencialmente imprevisible, va a ser mecánica y fielmente replicado y traducido, es decir, a la vez multiplicado y transpuesto a millones o a miles de millones de ejemplares. Sacado del reino del puro azar, entra en el de la necesidad, el de las certidumbres más implacables. Pues la selección opera a escala macroscópica, la del organismo.

Muchos espíritus distinguidos, aún hoy, parecen no poder aceptar ni incluso comprender que de una fuente de ruido la selección haya podido, ella sola, sacar todas las músicas de la biosfera. La selección opera, en efecto, con los productos del azar, y no puede alimentarse de otra forma; pero opera en un dominio de exigencias rigurosas del que el azar es desterrado. De estas exigencias, y no del azar, la evolución ha sacado sus orientaciones generalmente ascendentes, sus conquistas sucesivas, el despliegue ordenado del que parece darnos la imagen.
Jacques Monod. El azar y la necesidad. Barcelona, Tusquets, 1993.

martes, 22 de noviembre de 2011

Debate en el día de la marmota



En nuestro particular día de la marmota tres intelectuales volvieron a analizar lo que fue La Movida: Thomas Hobbes, José Antonio Maravall y Tierno Galván. Los tres, como era de esperar, llegaron a conclusiones similares.
Hobbes se reafirmó en su idea de que «los súbditos deben a los soberanos simple obediencia en todas las cosas en que su obediencia no está en contradicción con las leyes divinas».
José Antonio Maravall habló nuevamente de la relación entre novedad y conservadurismo, estableciendo puentes con el Barroco: «Por eso el Barroco, para ser conservador, se declara muchas veces innovador. Había que aceptarlo así, precisamente para mejor controlar todo movimiento de esa última naturaleza, en su dirección y en sus límites. En esos terrenos en los que ni políticamente ni intelectualmente resultaba peligroso, había que dejar las puertas abiertas a la novedad, había que hacer mucho ruido en torno a ella para atraer la atención de las gentes y, en esos terrenos, había que extremarla para saciar el apetito de la misma: la irrupción de extravagancias en poesía, en literatura, en arte, etc., compensa de la privación de novedad en otras partes. Así pues, el virtuosismo de la novedad, característico del Barroco en los campos en los que aquélla no posee fuerza corrosiva, se explica por unas motivaciones sociales muy directas». 
Tierno hizo gala de su proverbial concisión limitándose a decir: «¡Roqueros: el que no esté colocado, que se coloque... y al loro!»

lunes, 12 de septiembre de 2011

Tirios y troyanos




Y uno que pensaba que algo tan intrascendente como la cosa musical estaba al margen del tráfico de vísceras... Todo empezó hace unos meses con gresca por un cuestionario a Russian Red en la revista Marie Claire. A los pocos días, Amaral mostraban su cabreo por el "uso político" de una de sus canciones.

Del mismo modo que determinados hechos empiezan a reproducirse tras el pistoletazo de salida en prensa - se da la noticia de que una casa se desploma por aluminosis y de pronto edificios que aguantaban pacientemente hasta ese día empiezan a caerse por todo el país - creí que empezaríamos a ver músicos enzarzados en una noria de descalificaciones mutuas a causa de sus simpatías políticas, compadreando con las figuras que realmente generan interés en España: fútbolistas y famosos en general. Pero entonces llegaron Neri, Teddy & co. reclamando protagonismo: pasapalabra.

Lo del uso político consistió en Rubalcaba valiéndose de la enorme popularidad de Amaral para dar réplica a un diputado del Congreso, algo que molestó a los zaragozanos, que habían mostrado sus simpatías hacia los manifestantes de la Plaza de Sol, quienes a su vez habían hecho bandera de la desafección a los grandes partidos. Ni que decir tiene que en los medios hubo refriega entre cejudos y cejijuntos: unos alzaron el puño, otros la garrota y Standard & Poor's la prima de riesgo española.

El caso de Russian Red tiene más miga. Preguntada por sus afinidades políticas, Lourdes Hernández - es decir, RR - se decantó por la derecha. Entre los comentarios que suscitó su respuesta algunos apuntaron a la solidaridad entre ideario político y música, a saber: dedicarse a escribir "canciones bonitas", eso y nada más, es tarea propia de derechones. No sé si tal cosa ha de entenderse como que fuera del "compromiso político" sólo hay canciones "bonitas" - ¿comerciales? - que sería mejor no tener que escuchar, lo que vendría a ser una puesta al día de la doctrina Zhdánov (apellido del señor de la foto).

En cualquier caso, la idea de que el conservadurismo político y el musical van de la mano no resiste la prueba del algodón y ahí está el caso del revolucionario, musicalmente hablando, Stravinsky o el de esos músicos folk que en los sesenta incrustaban sus protestas en formas musicales tradicionales. Más madera: Lou Reed, It's a perfect day: ¿es una loa al conformismo?, ¿si lo fuera, sería algo reprochable?

Las reminiscencias inquisitoriales del caso Russian Red nos ponen en la senda de otro de los tópicos de la música pop, el de la limpieza de sangre, es decir, la "autenticidad". Volvemos con Amaral.





Yo te untaré mis obras con tocino
porque no me las muerdas, Gongorilla...


Quevedo


El
Heliogábal es un pequeño local situado en el barrio de Gràcia, en Barcelona. Pequeño pero matón: su programa de espectáculos cubre casi tres cuartas partes del año. El contenido - basicamente recitales de poesía y música - puede ser descrito, para que nos entendamos, como alternativo.

Hace un par de meses Amaral, una banda acostumbrada a los grandes escenarios, se presentaron
allí en lo que podría ser la imagen perfecta de la superación de la disyuntiva independiente/comercial, dejando ver que lo indie no es más que una pose y que el tránsito entre los dos ámbitos es posible en ambos sentidos. Musicalmente, por molesto que resulte, la distancia entre Quique González y Dani "Canto del loco" es muy corta, aunque suficiente para pasar de la indiferencia al sonrojo.

El caso de Amaral no es en absoluto una excepción, aunque sí destaca por tratarse de una de las bandas de mayor éxito en el pop español y porque su sensibilidad, lo dejan saber por activa y por pasiva, siempre ha estado muy próxima a la de las bandas de pop independiente. Así las cosas, la esquizofrenia de hacer canciones de top 40 pero querer desenvolverse con maneras indies deja de ser tal. Atravesar esa frontera puede ser beneficioso en términos de imagen y hasta terapéutico, si es que uno se siente culpable por tener éxito.

Uno de los ejemplos más claros del nuevo estatus de la música independiente apareció hace unas semanas en el suplemento cultural de un importante diario español. Un
anuncio a toda página del Ministerio de Economía, Innovación y Desarrollo de Portugal publicitaba un tour por el país a golpe de corchea indie, con parada y fonda en cuatro festivales celebrados a lo largo de los meses de julio y agosto.

Sin embargo, estos ejemplos contradicen a un tipo de ideología que sólo encuentra en ellos motivos para la indignación, como ocurrió con las protestas de parte de la audiencia del FIB por la inclusión en su programa de Julieta Venegas, artista cuyo mayor pecado es el de componer canciones de éxito o la querella contra Wilco por permitir que una de sus canciones apareciera en el anuncio de una conocida marca de coches.

Es la gran aporía del pop, un artículo de consumo al que en ocasiones se le pide ser más que una mercancía un contexto en el que tener una experiencia trascendental: Cristo echando a los mercaderes del Templo.